20/05/2026
 Actualizado a 20/05/2026
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Es posible que este nombre no te suene. Está en latín, es una oración, y conoces la música, aunque este año no la escuchaste. Es la que suena en Eurovisión y en el festival que no sucedió.

Se trata de un canto religioso de acción de gracias, creado por un clérigo polifacético en el siglo XVII. La estrofa saltó a la fama por algo tan estúpido como dicho evento musicaloide. De no ser por ello sería absolutamente desconocido.

Este año el anti semitismo de este gobierno y la política exterior atrabiliaria, impuso el silencio. Una auténtica baladronada que ya vimos en el boicot a la Vuelta Ciclista.

A mí, este tipo de música no me gusta. Pero tampoco me gusta que lo prohiban y por eso este año lo seguí, al margen de la Televisión espantosa. Volviendo al Tedeum y a la paz que predica el Papa, hay controversias y afinidades que penosamente, arrastra la Iglesia. A lo largo de la historia sagrada han sucedido y aún suceden guerras y conflictos. En Oriente siglo III, el cisma de Arrio dio origen al arrianismo, religión que trajeron los visigodos a España.

Siglos después, el patriarca de Constantinopla -Miguel Cerulario- consumó el cisma entre la iglesia católica y la ortodoxa, más auténtica, como su nombre indica.

Haciendo algún paréntesis, en el sur de Francia surgen los albigenses que fueron eliminados en una especie de cruzada. Anecdótica es la respuesta de Simón de Montfort cuando los soldados le preguntan cómo distinguir a los herejes de los otros, les dice: «Matadlos a todos y que Dios elija a los suyos». Una respuesta tan cínica como la del sicario francés -Bertrand Du Guesclin- mientras asesina a Pedro el Cruel diciendo: «Ni quito ni pongo rey, sino ayudo a mi señor».

Más importante fue el conflicto en el seno de Europa, contra los protestantes, emprendido por Carlos I y su hijo Felipe II, que fuerza. Recordemos «La rendición de Breda», de Velázquez. La iglesia cerró la crisis con el Concilio de Trento y hasta aquí llegamos: Al Vaticano II, que quiso innovar. Pero modernidad e Iglesia no cuajan.

Mas una cosa es Dios y otra las religiones. Tanta certeza, tanta autoridad, tantos dogmas, no caben en la lógica. Mi verdad, la tuya o la de aquel. La de León XIV ha sido algo superficial, prohibiendo cosas triviales como el agua bendita, el incienso y la cera. Al simplificar el ritual la gente se aburre. Como decía Georges Brassens: «Sans le latin, la messe nous emmerde». El Papa es el administrador de los activos de Dios y de la Santa Sede. El Concilio Vaticano II no puso las cosas mejor. Cuentan que el célebre escritor Chataubriand se hizo católico por el esplendor de los ritos de la Iglesia católica, frente a la austeridad luterana. De ser hoy, no habría dado ese paso.

Dentro de poco el Papa León XIV vendrá a España, se reunirá con el presidente comunista y chavista; visitará la Sagrada Familia, pero ni una mención para la cruz más alta del mundo, amenazada por el sátrapa que nos gobierna. Hablarán de Trump, de Nethanyahu, Zelensky y el amigo Deng Xiao Ping. Una pérdida de tiempo y de prestigio, teniendo tantas cosas pendientes, como la figura de la mujer en la Iglesia. O del celibato, que San Pablo aborda en una de sus cartas, recomendando a los obispos que al enviudar, no vuelvan a las andadas, para dedicar más tiempo a la Iglesia.

Hacen buenas migas el Papa y Sánchez (la paz como cortina de humo) y ambos emiten idénticos postulados contra unas guerras. Pero no de otras, más importantes para Roma, donde los cristianos son masacrados en masa: Nigeria, Sudán, Pakistán y una larga lista de países islamistas. La política crea extrañas amistades y el Papa mejor mantendría cierta distancia con los líderes políticos. ¿No dijo Jesucristo que : «A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César» ?
 

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