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La taquilla del baile

Jubilado
13/10/2026
 Actualizado a 13/10/2026
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Salgo a dar una vuelta por las cercanías de León con mi amigo Enrique, desde hace muchos años, y al regresar pasamos por delante de lo que en su día fue un famoso salón de baile de nombre ‘Jaris’, mayormente utilizado por parejas, y vemos como, a pesar de haber pasado muchos años desde que se mantiene cerrado, y ahora, creo, que dedicado a otras actividades, observo que, como testigo de los recuerdos de antaño, la ‘taquilla’ permanece en la misma pared cercana a las escaleras que daban acceso a los salones por donde se entraba al baile, lógicamente, sin uso alguno.

Las clases sociales entonces marcaban los días y lugares donde determinadas personas podían acceder a echar unos bailes y pasar la tarde y, si había suerte, repetir en días sucesivos. Los jueves estaban destinados a las chicas que, mayoritariamente, trabajaban como empleadas del hogar llegadas de muchos lugares de la provincia donde el dinero de las familias escaseaba.

El citado salón de baile, propiedad de la familia Ayala, estaba situado en un primer piso en la calle Joaquín Costa y donde, en el citado piso, vivía mi inolvidable amigo Albino, gran amante de la música ligera. Los días que tenían ensayo me avisaba para que, sentados en unas sillas, como si estuviéramos en misa con el máximo silencio, disfrutar de aquellos ensayos que, bajo la dirección del maestro Ayala, padre, llevaban a cabo los días que no había baile.

No puedo olvidar mi bautismo de fuego en cuanto a salir de noche a una sala de fiestas. El hecho tuvo lugar, después de haber pasado ‘Nochevieja’, cuando un matrimonio, amigo de mi familia, tenía dos entradas sobrantes para la ‘Noche de Reyes’, acompañadas de una botella de sidra El Gaitero y que a mí, en compañía de una chica de Madrid, más o menos de mi edad, me supo a cava del bueno, aunque yo no la había probado, salvo en celebraciones navideñas familiares.

Los citados días en que había baile las chicas no pagaban con el fin de atraer a los chicos que esos si tenían que pasar por taquilla. Hoy las cosas, parafraseando a don Hilarión en ‘La Verbena de la Paloma’, han cambiado que es una barbaridad y casi no hay música en directo para bailar, salvo cuando se contratan grandes orquestas, con mucha tecnología, más como atracción que para bailar.

Hoy no hace falta la ayuda de la música para tener entre los brazos a la pareja, en el coche, o al aire libre. Lo que siempre se queda en lo vivido no se suele olvidar, ni falta que hace, porque ello llevará siempre consigo parte nuestra vida. Yo cuando paso por delante en compañía de los nietos al venir del colegio, echo la vista a esa taquilla testigo de tantos emparejamientos como si el tiempo no hubiera pasado y aquel Jaris siguiera existiendo.

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