Las incongruencias de la vida se hacen patentes cada día cuando uno enciende el televisor después de haber visto, como cada año, las concurridas calles al son de los tambores y cornetas nos recuerdan que estamos en la Semana Santa de máxima veneración, tanto por los creyentes como por los que no lo son tanto pero que acuden, solos o con la familia o amigos a la llamada de los tambores, cornetas y demás instrumentos que, con el tiempo, se han ido incorporando. A los que somos mayores, pero no obsoletos en el sentido de la palabra, siempre nos viene a la memoria aquellos tiempos de posguerra, en los que, de la mano de nuestros mayores, casi como ahora (en eso nada ha cambiado, salvo la excepción del afamando encuentro en la plaza mayor en que se habilitan sillas de pago para observar su paso en lugar preferente) esperábamos con ansia la llegada de la guardia civil a caballo con unos bigotes que, de conformidad con la orden que el Ministerio de la Guerra promulgó en 1844 ¡ Todos los guardias civiles estaban obligados a dejarse el bigote!, con el fin de buscar proyectar respeto, autoridad y seriedad, características a tener en cuenta parea garantizar la seguridad y el orden público en España. También los jefes y oficiales del cuerpo tenían un mandato adicional: además del bigote, debían de lucir patillas y perilla consolidando un estilo de distinción en la época. Lo cierto, y volviendo a lo anterior, y que esperábamos en silencio si no querías recibir algún mosquilón, palabra muy de León, para anticipar la llegada de un tortazo, coloquialmente bofetada a mano abierta en la cara, mostrando el máximo respeto al paso la procesión .A mi, en compañía de mis primos, lo que más nos gustaba es ver desfilar a paso lento a los soldados con el fusil a la funerala en señal de duelo apuntando para abajo acompañados de una banda de música , entonces había dos importantes: la del regimiento de infantería Burgos 36 y la de Aviación de la Virgen del Camino, las cuales se nutrieron , preferentemente, de músicos voluntarios ( entonces no había mujeres en las bandas militares) de la provincia, haciendo mas llevadero el servicio militar. Aunque yo estudié música, la mayor graduación militar la obtuvo mi hermano Luis, como cabo primero de cornetín de órdenes. Para terminar no quiero dejar en el tintero la proliferación de agrupaciones musicales pertenecientes a cofradías, salvo alguna excepción, que acompañan a las imágenes en procesión haciendo más ameno el paso de las mismas, mientras aguantas estoicamente el paso de las citadas agrupaciones interpretando marchas que son bien acogidas por los asistentes aunque con una vitola foránea. Me alegro del buen tiempo que hemos tenido hasta la finalización de la semana, así como de los buenos resultados que la hosteleria ha obtenido, a falta de lo que carecemos durante el resto del año, y que buena falta nos hace, mientras, además de nuestro encuentro procesional, se producen los queridos y esperados con nuestros familiares y amigos llegados de diferentes lugares.
Tambores de paz
07/04/2026
Actualizado a
07/04/2026
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