Hace apenas unos meses falleció Manuel de la Calva y lo que fue el Dúo Dinámico, dejó de existir, aunque su música perdurará por tiempo. Puedo imaginar el vacío dejado en el sentimiento de Arcusa, después de una vida entera de colaboración, trabajo y compañerismo.
Ramón también fue compositor e hizo algunas de las mejores canciones de Julio Iglesias y aquella que le dio a Massiel el triunfo en Eurovisión.
Por los felices años 60 su música no faltaba en ningún güateque. Hoy todavía se conocen sus canciones y se cantan. Incluso cuando Sánchez nos encerró en casa ilegalmente, se cantaba el ‘Resistiré’ desde los balcones. Pero casi doscientos mil, no resistieron.
Pero mira por donde, uno de estos gigantes tecnológicos –Spotify– puso el ojo en su música y censuró dos canciones de amor que fueron creadas y cantadas durante el franquismo pero hoy, en pleno siglo XXI, parecen inapropiadas y motivo de escándalo. Aparte de una estupidez sin límites, la cosa tiene mayor calado.
La tontuna a la que nos han llevado a los españoles y no sólo a nosotros, nos ha hecho cautivos de las nuevas tecnologías, representadas por gigantes de la información, de los datos y cerebros; los grandes negocios económicos, politicos y de manipulación ideológica. Un sistema que, a la postre, decide lo que nos tiene que gustar, lo que no podemos decir, lo que no puedes leer, lo que debemos comer o lo que no puedes fumar. Lo que has de pensar. Pero, si no piensas, mejor.
Tantas pautas, tantas trabas y sumisión, que diríase que el baranda de Spotify, fuera el fiscal general del gobierno.
Pues sepan, señores censores de Spotify, que en este país y en estos tiempos, la edad media en que los jóvenes se inician en el sexo con penetración, son precisamente los quince años. Puede parecernos bien o mal. Pero es así.
«Quién a los quince años no dejó su cuerpo abrazar...» cantaba la desgarrada voz de Mari Trini, durante varias décadas, hasta su prematura muerte.
Un caso particularmente escandaloso es el entrañable Luis Eduardo Aute, al que tanto debemos. Aquí, no se trata sólo de quince, sino de la ecuación 15+15=30: «Una de dos, o me llevo esa mujer o te la cambio por dos de quince... si puede ser». No sé si hubo acuerdo. ¿Y qué decir de las culturas donde las niñas son casadas con quien decida el patriarca familiar?
Pero, tocando fondo, las palabras más infames en cuanto a la tolerancia de la pederastia, vienen de la ex ministra Irene Montero al declarar que «los niños pueden tener sexo con quien quieran». A mí, lo que me parece es una forma de perversión.