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Su mejor elemento

15/02/2026
 Actualizado a 15/02/2026
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Puede que les haya llegado a ustedes también un vídeo o ‘meme’ o ‘vídeomeme’, no sé cómo llamarlo, sobre un empleado que describe la pereza que le da ir a currar, mientras se aproxima a su puesto de trabajo. Están las condiciones climatológicas adversas, el transporte y todos los demás obstáculos que atravesamos cuando desarrollamos tan grata actividad, la de desplazarnos a los lugares en los que desempeñamos nuestra labor. Pero, finalmente, la promesa de una paga exigua y de interacciones alienantes con nuestros compañeros se impone. Entonces, el empleado proclama: «Allá les va su mejor elemento».

Estos días de lluvias e inclemencias me he sorprendido pronunciando esa frase. Esquivando baches de las carreteras urbanas e interurbanas, cuyo deplorable estado de conservación ha salido a la luz con motivo de la crisis de infraestructuras reveladas por el accidente ferroviario de Adamuz. Esperando delante de semáforos en rojo con las manos sobre el volante en la posición de las tres menos diez. Atravesando con la mirada un plato de menú del día con el que destrozar un poco más nuestro ya de por sí dañado tracto digestivo.

En último caso, la única posibilidad de repetir una y otra vez ese extraño ritual es la competición, la rivalidad. Sólo quien desea imponerse a otros, llegar un poco antes, destacar por encima del resto, pisar algunas cabezas, tiene ese aporte extra de energía para desembarazarse de la pereza y dar su «mejor versión». El resto tenemos que andar peleando con subterfugios, excusas, hipotecas y fotos de una playa lejana para salir de la cama. Pero la posibilidad de ‘vencer’ se antoja irresistible para el sistema. Las empresas, organismos públicos y demás empleadores lo saben, lo fomentan y castigan con dureza la disidencia. La pereza es presentada, en primer lugar, como una falta de respeto hacia los compañeros (que también lo suele ser, en muchos casos), antes que como una autoindulgencia.

A todo ello se podría sumar la aplicación de la psicología en el ámbito laboral, sobre todo en aspectos como la motivación. Los estudios de personalidad que tratan de separar el trigo de la paja, esto es, los trabajadores que más dinero pueden hacer ganar y aquellos que no están dispuestos a sacrificar su vida por lograr los objetivos económicos para un ejercicio determinado.

Nada se escapa a esta dinámica. Ni siquiera este mismo texto. Ahogado por los mocos, afónico, acaso levemente febril, he de confesar que no me apetecía escribir esta columna. Pero aquí llegué: acá les va mi mejor texto.

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