León, la mayor parte de su superficie, fue declarada por la FAO un Sipam. La FAO es una parte de las Naciones Unidas especializada en la producción de alimentos para erradicar el hambre, conseguir seguridad alimentaria y mejorar la alimentación preservando usos antiguos. Un Sipam es la identificación de un lugar como Sistema Importante de la Producción Agrícola Mundial. Por tanto, el reconocimiento de un Sipam supone la indicación de una identidad.
La producción de alimentos centra gran parte de la cultura tradicional de todos los pueblos. El animal humano evolucionó con un diseño orgánico que prioriza el consumo diario de alimentos todos los días y varias veces al día. Los humanos comemos todo tipo de alimentos; carne, pescado, verduras, cereales, legumbres, etc. Somos omnívoros. Esa gran necesidad de consumo continuo de todo tipo de alimentos tiene un gran impacto en el entorno: praderas de pasto, sembrados de secano, regadíos, sendas de comunicación, puentes, presas, etc.
Sin que sepamos por qué con certeza, los humanos hemos desarrollado formas de organización diferentes para asegurar nuestra alimentación, lo que llamamos pueblos, que son agrupaciones de tipo cultural. Roma fue encontrando y diferenciando pueblos a medida que avanzaba sus conquistas. No está claro que cada pueblo formase una unidad política. Tampoco cuáles eran sus límites exactos. Quizás por eso denominaron «conventus» a los territorios que compartían una misma cultura. Uno de ellos fue el ástur, en cuyo espacio se inscribe superpuesta la actual provincia de León.
No es difícil detectar las diferencias entre la tradición leonesa de producción de alimentos respecto a otros pueblos periféricos como el gallego o el terracampino a día de hoy. El Sipam identificado aquí no es más que el reconocimiento de una continuidad cultural. El sistema de poblamiento en aldeas compactas a 6 kms de distancia o menos, el policultivo y la falta de especialización, la cría de todo tipo de ganado, el pastoreo con veceras, los montes comunales sometidos a explotación, el mantenimiento comunal de sendas, puertos en el río, canales o vegetación de sus márgenes ha sido el día a día hasta hace pocos años.
La interferencia de los poderes públicos en estos usos comunales lesiona el mantenimiento de este paisaje porque desliga a las personas de su patrimonio común. El Sipam podría ser una herramienta más para favorecer a nuestros pueblos, a nuestra gente. Convertir este reconocimiento en un mero diploma para colgar en la pared es perder la oportunidad de darle a la cultura leonesa el protagonismo necesario para que León siga siendo un lugar atractivo.