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Sin tocar lo fijo

Jubilado
07/07/2026
 Actualizado a 07/07/2026
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No cabe duda que el pasado, pasado está, pero que también es cierto y que se mantiene presente como testigo de todo cuanto aconteció en nuestras vidas a lo largo del tiempo. Como mi amigo Enrique no me anda a la zaga, en edad y en conversación, a pesar de vernos con frecuencia como se pone de manifiesto en los días en que, a pesar de lo dicho, se nos terminan los guiones qué, muchos de ellos, ya quisieran para si algunos directores de cine, arte que a los dos, como a muchos de nuestra generación, nos hace remover aquella juventud inolvidable.

El caso que traigo a colación tiene su origen en uno de esos personajes que ambos conocimos y que hace muchos años que no se encuentra en este mundo. El que nos ocupa, llamémosle Carlos, era una persona oriunda de un pueblo de nuestra montaña, cuando la montaña irradiaba vida entre el paisanaje que allí vivía. Era soltero, con la sola compañía, en su misma situación, de su única hermana, con lo cual decidió comprar un piso en aquellos años en los que, quienes podían, se decidían a comprar un piso con el fin de asegurarse una mejor vida, con mejores comodidades, para lo que les quedara de vida.

A mí, en aquellos años, no me entraba en la cabeza el que se pudieran vender, o comprar, los pisos por separado. La primera vez que escuche el decir, a un primo mío, que se había comprado un piso en las afuera de Madrid me llamó la atención, cuando lo más parecido a ello fue cuando mi madre nos contaba como un pariente suyo había comprado una casa en Gijón, cuyo precio se acercaba al millón de pesetas, cifra no alcanzable para la mayoría de los españoles en los años 50 o 60 del siglo pasado 

Lo que mi amigo Enrique, como buen profesional de la banca que fue, ahora como la mayoría de nuestros contemporáneos me cuenta lo que era, tener un dinero en la citada entidad. El encuentro entre mi amigo, y el depositante del efectivo, transcurriría, más o menos, de esta forma: hombre Carlos, creo que has comprado un piso aquí, en León. Si, más que nada por si el día de mañana, como solo estamos mi hermana y yo, ante alguna necesidad imprevista que surja, tenemos necesidad de echar mano de los ahorros, me gusta tener una cantidad al alcance y, todo ello, aquí vino lo mejor de la expresión, «¡¡sin tocar lo fijo!!». Hay que tener en cuenta que, entonces, lo fijo era lo poco que con esfuerzo se había guardado con el máximo esfuerzo y sin malgastar

Saludos a mi amigo el citado Enrique, con el fin de que al leer esto se refresque un poco, allá donde se encuentra, en compañía de los suyos.

PD. Aquí también le pega el calor y no hay playa
 

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