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Siete días sin Nohelia

01/04/2026
 Actualizado a 01/04/2026
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Desde hace no demasiado tiempo, en este país se han producido muchos cambios. Y no ciertamente buenos. La fractura de la sociedad orquestada por las políticas de este gobierno –desde Zapatero– llamado progresista, han crispado la política y la sociedad por el afán de permanencia en el poder. La corrupción, intolerancia y falsedad son las herramientas utilizadas, para alcanzar el poder de cualquier manera.

En el plano social esta manera de obrar también ha cosechado sus frutos, abriendo en una profunda brecha.

Ya no se piensa, porque alguien lo está haciendo por nosotros, que nos conduce al enfrentamiento y odio (por más que quiera prohibirlo quien lo provoca). Y para imponer determinados planteamientos se crean sociedades, organizaciones, programas, plataformas, activistas... cuyos voluntarios iniciales acaban beneficiados del gobierno, los sindicatos, la Cruz Roja, Open Arms, flotillas o todos los que maman del gobierno.

Por no estar de acuerdo, hasta hemos olvidado la diferencia entre el bien y el mal. De este modo lo que para unos es un delito, para los de enfrente es un alarde de audacia para joder a los otros.

De hecho, los delitos tradicionales, de toda la vida, se han multiplicado exponencialmente y en consecuencia, se han inventado otros, por las costumbres importadas y por las nuevas tecnologías que ayudan mucho: Robos, asaltos, peleas, narcotráfico, agresiones, ocupaciones y violaciones, que se han convertido en algo habitual y por tanto, ya no escandalizan a nadie.

Entre los delitos más execrables están las violaciones a mujeres que cada día tienen lugar. Ya no se puede ir «sola y borracha» –como dijo la excajera del Sepu– porque no hay ningún sitio seguro. Ni tu propio hogar.

Un caso escandaloso es el de la presidente de la Generalidad Valenciana –Mónica Oltra– mientras su marido violaba a las niñas que vivían en un centro de acogida de la dicha institución y ella no se enteraba. A la niña la llevaron a declarar «esposada», como si fuera la delincuente y posteriormente, le arrebataron sus hijos para cerrar el círculo vicioso.

A pesar de todo Mónica se presentará para ser alcalde de Valencia; y habrá quienes la voten, por la cosa de la disidencia. La vida de aquella niña no era la que se merecía y quedó profundamente marcada.

Necesariamente, no puedo evitar un epitafio para Nohelia que fue igualmente violada por una panda de desalmados. Su corta vida fue insoportable por las circunstancias familiares; pero lo peor le sucedió en el centro al que la llevaron para «protegerla» y donde fue salvajemente ultrajada.

Se especuló con que había quedado tetrapléjica, hemipléjica; aunque, a pesar de las lesiones producidas por su intento de suicidio, la vimos caminar con dificultad. Pero la herida estaba en el alma y posiblemente, una ayuda psicológica, psiquiátrica o afectiva, que no se le prestó, hubiera evitado la tragedia de la ejecución jurídico-social orquestada.

Se presentó como un caso mediático, viral. Y ya se sabe: «No dejes que la realidad te estropee una buena noticia».

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