Siempre que se acerca San Froilán, lo que la mayoría de los leoneses consideramos nuestra fiesta patronal, estamos pendientes del tiempo deseando que se nos respete esta conmemoración tan esperada y donde parte de la provincia se desplaza a La Virgen del Camino a tocar las narices al Santo y a comprar unos perdones (avellanas) para traer a la familia como testigos de nuestra presencia en la localidad. La vecina y querida Asturias siempre ha sido una compañera fiel llenando autobuses con este destino, aunque hoy la mayoría tengamos automóviles particulares, la mencionada localidad, sigue siendo el destino donde, además de cumplir alguna promesa ofrecida al santo, se completa con la degustación de unas variadas viandas, preferentemente de la tierra, cocinadas en el mismo lugar, y en presencia de los clientes. Si bien, y aunque cada vez queden menos bueyes, no pueden faltar los carros engalanados y provistos de los útiles que antaño adornaban muchas casas.
Aunque el agua siempre ha sido una temida amenaza que diera al traste con cualquier celebración al aire libre al grito de; «Carros a la Virgen» siguen manteniendo la tradición tan esperada por los miles de leoneses que, junto con los «pendones», (sin segundas) llenan de color y de historia nuestras calles recordándonos cada año lo que fuimos, así como la ropa que antaño vestíamos para defendernos de nuestro duro clima. En este sentido, y sin que suene a alabanza fácil, me pareció acertada la indumentaria que nuestro alcalde lucía en este día tan leonés. Digo esto porque al ver las calles llenas para ver pasar los carros engalanados en este día tan soleado, con gente llegada de otros lados a disfrutar de lo que aquí tenemos, máxime si esta fecha coincide en domingo como este año nos ha caído, parece que volvemos a revivir y a reencontrarnos con nuestro pasado a la vez que seguimos mirando para el futuro esperando que el Santo nos sea propicio en el tiempo venidero.
También me agradó ver mucha gente con la vestimenta leonesa, sobre todo de niños, ,lo cual hace que seamos optimistas en el futuro a la hora seguir manteniendo las tradiciones y costumbres que, año tras año, se trasmiten. Los autobuses tenían un trabajo continuado ya que, la mayoría de nosotros, no teníamos vehículos propios a motor para transportarnos. Ya, de mayor, y representando al excelentísimo Ayuntamiento de León, asistimos a la gran misa que detrás de nuevo Santuario cuya puerta, así como las esculturas de la fachada principal a cargo del escultor Josep Maria Subirachs, financiado por el mecenas leonés Pablo Diez en agradecimiento a la labor pedagógica que con él llevaron a cabo los Dominicos. Todavía recuerdo decir a mis mayores que el antiguo santuario tenía otro sabor y que hoy, por razón de la edad, pocos recuerdan haberlo conocido.
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