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La Roja o el deporte

08/07/2026
 Actualizado a 08/07/2026
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Entre desavenencia o disidencia no hay gran recorrido. Desacuerdo con alguien o con lo que otro diga o piense. En un país tan cascarrabias como éste, cada individuo se siente en posesión de la verdad y en consecuencia los enfntamientos surgen como hongos.

En la I República –bien pudiera ser actualmente– un diputado se durmió y cuando fue llamado a votar rotundamente respondió: «Me opongo». «¿Pero a cual enmienda se opone?». «No sé, pero me opongo».

El desacuerdo es tan profundo como la Humanidad. Un caso fue el de Sócrates, condenado al suicidio; otro el hispano romano Séneca, obligado a cortarse las venas; a Aristóteles, Alejandro Magno lo quiso ‘suicidar’ pero se puso a salvo y tuvo tiempo para formular su teorema.

La política es buen escenario para este tipo de rifirrafes, cuando el padre descubre que uno de sus hijos es gay o podemita. Y en el amor, aunque eso suele suceder pasados unos meses de casados.

Pero donde más se palpa este tufo es en los bares. Si eres del Madrid te odian los del Barcelona: si del Sporting, los de Oviedo; si de la Cultu, la Deportiva; si del Betis, ni te cuento o de la Real y el Bilbao. Y así podríamos seguir una eternidad, porque el fútbol es visceral, arbitrario e irracional. Pese a ello, está en todas partes y más fuera del estadio que dentro. En el andamio, en la oficina o el consejo de ministros. Se ha adueñado de la vida privada y de los medios.

Eclipsa incluso las múltiples tropelías de este gobierno criminal: los muertos en la pandemia, el Barranco del Poyo y Adamuz, de momento.

Sin embargo somos cada vez más indiferentes, insensibles y obcecados por la Roja que encandila a tantos, desde el de las greñas, al hispano marroquí. Sin exclusión.

Pues yo me bajo. No quiero el Mundial para España porque nos esperarían otros cuatro años de fanfarronería, murga y repetitivas emisiones. Otro desatino futbolero es que ya vamos pagando el de Marruecos.

Valoro más la quietud, el silencio y las cosas de la vida que merecen la pena. Escuchar música, fumarme una pipa sentado en el muelle de la bahía o leer un libro bajo un frondoso árbol. ‘Le droit à la paresse’ –de Moustaki–. 

«¿Pero cómo te atreves a decir que no estás con la Selección Nacional?», –me dirán muchos–. Pero aclaro, yo soy español y leonés. Orgulloso de serlo, pero España es más que un espectáculo alienante.

El deporte desmesurado siempre ha existido en sus diversas variantes. En Bizancio, a punto de que los otomanos lo invadieran, existían dos facciones rivales en las carreras de caballos. Principalmente, los Verdes y los Azules y no faltaban tumultos, agresiones ni muertos.

Siglos después, mientras perdíamaos la Gerra de Cuba, el gobierno estaba en los toros, porque fútbol no había.

Pero si hay que tomar una opción, yo me quedo sin pestañear, con los aluches y en eso no disiento.

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