Repasaba hace una semana los resultados cuantitativos de los mayores partidos en la provincia leonesa. Después del sorprendente resultado, permanecen jubilosos los unos, que no perdieron lo esperado en los sondeos, o tristes otros, por no haber llegado a donde querían. En este último grupo están los que crecieron, pero no colmaron su expectativa, y los que, directamente, se hundieron.
En el PP todo son caras alegres, como es normal. No bajaron y hasta movilizaron muchos más votos. Lo más llamativo es su victoria en zonas quemadas por los incendios, que les proporcionó varios miles de votos. Este singular resultado tiene dos explicaciones posibles: o a la gente le encanta que se queme su pueblo en medio de la descoordinación, o la otra es que el gobierno autonómico se apresuró a regar de indemnizaciones a los habitantes de esas zonas, que estuviesen concedidas y/o pagadas antes de la votación, para contentarlos. En mi opinión, la voluntad de cierta gente se compra. Este caso lo demuestra. No se puede hablar de todos los habitantes, pero sí de ese 10-20 % que no es votante fijo. A pesar de eso, León es la única provincia autonómica en que la suma de PP y Vox no alcanza la mayoría.
En el PSOE la alegría es grande porque no bajaron. Podrán seguir siendo la oposición otro mandato más, pero con la sensación de haber cumplido con sus jefes. Aún así Nuria Rubio no reúne en la capital los votos que sí concita José Antonio Díez. Tampoco Zapatero, ni Cendón. Algo querrá decir, pero no hablan de ello. Quizás, el por qué sucede esto se explica, por ejemplo, por la reciente visita del comisionado para el Corredor Atlántico, en la explicaba que un polígono industrial que no existe, Torneros, y que carece de todo apoyo por el gobierno central, no tiene demanda. No le darán el Nobel por tan sesuda consideración.
En la UPL se vivió con frustración el insuficiente crecimiento para alcanzar el grupo parlamentario propio. No parecen conscientes de que la expectativa no es realidad y que, una vez pasadas las elecciones, un resultado atípico proporciona lecturas nuevas. El problema lo tienen donde hay apenas votos y no se creció. Estar mirando a donde sí los hubo, tanto si crecieron como si no, cuando hay tanto terreno virgen, es caer en el despiste.
Vox, que perdió votos en la capital, puede temer una depuración, visto el mangoneo de su líder nacional en otros lares. Podemos se encamina hacia la desaparición gracias a la inestimable ayuda de sus dos doctrinarias lideresas nacionales. Sumar también paga por esa división del voto, que invita a la huida. Si no pueden arreglar la propia izquierda… El resto, irrelevante.