Imagen Maximino Cañón (PNG)

Recordar es vivir dos veces

28/04/2026
 Actualizado a 28/04/2026
Guardar

No sé si son los años o el amor que tenemos por lo vivido que, cuando nos encontramos con algún amigo (cosa frecuente en una ciudad como la nuestra), de los que conocemos desde que teníamos muchos menos años y es imposible no pararte para sacar a relucir aquellos recuerdos que, aunque a veces resulten repetitivos, siguen estando presentes en nuestras vidas y que compartimos con los de nuestra edad, es decir, peinando canas, o sin peinar ya, porque como me dice mi nieta: «Abuelo, que se te ve el cartón».

Ahora es frecuente escuchar sentencias que, provenientes de los descendientes menores en muchos casos, te sitúan en la realidad y en el tiempo en que vivimos, lo cual no es malo, simplemente es notar el paso de los años que te sirven para comparar, cuando pasas al lado de alguno o alguna persona que conoces desde que eras joven y ves como éramos entonces y lo que ahora somos.

Lo que sí es cierto es cuando te para alguno, o alguna, y te llama por el nombre, te quedas mirando sorprendido, sin recordar en el momento quien es esa persona. A continuación viene el saludo: Maxi, no me conoces, soy Quintanilla (en este caso) a lo que sorprendido le digo pues no, como hace tantos años que no te veo, y me contesta es que he vivido fuera (por ejemplo) y ahora ya jubilado he vuelto a pasar el tiempo que nos quede aquí porque, desde luego, y sin desmerecer los lugares en los que he vivido, para mi no hay ciudad como León.

Con tal motivo, y una vez identificados, en la misma calle nos pusimos a confrontar momentos vividos, en este caso relativos al baloncesto donde él, a pesar de tener una estatura parecida a la mía, se desenvolvía con una agilidad digna de encomio. Recordamos aquellos encuentros entre su equipo (la OJE) y nuestro Forecu (el bueno) que era donde jugaban los mejores, llámese Blanco, Paramio, Armendáriz, Conde, Doriga, etc.) y el Forecu B, que era en el que jugábamos (era un decir) la ‘élite’, empezando por abajo.

Lo cierto fue que los dos sentimos esas palpitaciones que se sienten cuando te encuentras con alguien que conociste hace muchos años y que, por vicisitudes de la vida, dejaste de verle y ahora, la vida te vuelve a situar en el lugar en el que pasaste buena parte de ella, con la situación familiar que cada uno tenemos en la actualidad.

La mayoría de los amigos que cito viven en León, lo cual te hace sentir que los años pasan más despacio y con mejor aspecto, eso por lo menos te crees cuando te dices, Hombre José Luis (nombre ficticio), como te conservas, por ti no pasan los años, y lo arreglas diciendo vamos a tomar un café que invito yo.

Desde que aparecieron los teléfonos móviles, de las fotos de los nietos, ni comentar.

Lo más leído