Dices ex y todo el mundo piensa en desamores. Ya empiezan a surgir matrimonialistas espontáneos. Ya tiene que haber uno que gane y otro que pierda. La palabra ex, la sueltes donde la sueltes, cae siempre como un cuchillo en cualquier frase. En realidad, aún más en todo lo que no tiene nada que ver con el amor. Los ex mueven el mundo. La gravedad, el sol, la rotación y la traslación, el misterio del espacio y las reservas de agua enMarte harán lo suyo, pero son sin duda los ex quienes hacen que la Tierra siga girando sobre su órbita. Por mucho que avancen las energías limpias, nunca tendrán la capacidad de generar tanta luz o tanta sombra, según haya sido el final, como un ex. Con el debido respeto de la ciencia: gran parte de la evolución humana se la debemos también a los ex. Sin los ex estamos ciegos. Las investigaciones policiales más exitosas suelen girar en torno a los ex. El periodismo está de arriba a abajo atravesado por los ex, desde el faranduleo a las exclusivas políticas que casi siempre empiezan o terminan por un ex. En un juicio un ex siempre es una prueba admitida. Al final, cuando todo falla, siempre queda un ex dispuesto a contar cómo fue realmente la historia y siempre queda alguien dispuesto a escucharla. Por no entrar en todo lo que les deben a los ex la música y la literatura. Menos para volver, los ex sirven para todo.
Un ex resulta peligroso en cualquier lugar y en cualquier época del año, en cualquier sector y en cualquier estrato social. La trama Gürtel no la destapó un arcángel con una trompeta, sino un ex trabajador que decidió hablar cuando dejó de formar parte del decorado. La estafa de aquel tanatorio de Valladolid que reutilizó ataúdes durante años no cayó por una auditoría milagrosa, sino por la denuncia de otro ex empleado que quería lo suyo. ¿Quién va a tirar por el desagüe el vino más caro de las barricas si no es un ex? Julio Iglesias tiene aún más repertorio de ex que de canciones, pero contra las cuerdas no lo pusieron sus ex mujeres, sino sus ex trabajadoras... Será que las confundía. Será, será, será... Esta semana, en Ponferrada, hubo una denuncia a Ciuden por corrupción que también arranca con el mismo tipo de villano: un ex trabajador que fue despedido quiere, por este orden, su tajada y su venganza. El patrón se repite demasiado como para hacernos los sorprendidos. En este último caso, antes de que el juez tenga que decidir quién es más ex en todo esto, el denunciante cuenta con la inestimable colaboración de algún ingeniero de la comunicación social enviado desde Madrid que, marcándose un sujétame el cubata ministerial, tuvo el cuajo de escribir en una misma convocatoria ‘briefing’ informativo, ‘off the record’ y periodistas. Ah, y Bierzo.
El ex es todo lo que el sistema no controla. Es una memoria externa, como su propio nombre indica. Selectiva, pero memoria. Un ex puede con todos los algoritmos. Es más que tu propio hacker. Es un archivo sin contraseña, una filtración global de tus datos personales, una especie de Wikipedia faltosa con ganas de editar tu entrada. Por culpa de los ex van a prohibir las redes sociales a los menores de 16 años. Supongo que los camellos ya habrán empezado a ofertar cuentas falsas a las puertas de los institutos. Pedro Sánchez no lo hace sólo por el porno, el racismo, la violencia, la desinformación y la manipulación ideológica y comercial, sino para evitar que los ex se empiecen se empiecen a vengar demasiado pronto de nuestros jóvenes.Déjalos que camelen.
Ayuso dice que una de las cosas buenas de Madrid es que no tienes por qué encontrarte a tus ex, pero no dice que lo malo es que te la puedes encontrar a ella. En la política los ex son más imprescindibles que en los programas del corazón. Los partidos ahora no se nutren de militantes convencidos, sino de ex de otros partidos. Las listas electorales ya no son proyectos: son álbumes de rupturas. Ex de Ciudadanos que buscan acomodo tras el naufragio y se inventan partidos. Ex del PSOE que se cansaron de esperar lo prometido, a los que no les parecía mal que se mintiese a los votantes pero sí a ellos. Ex del PP que cambiaron de siglas sin cambiar del todo el discurso. Hasta en UPL hay algún caso de ex leonesista. Y la gravedad del problema viene porque la mayor cantidad de ex procedentes de todo lo anterior están recalando en Vox, el contenedor marrón de la frustración política.
España se ha llenado de ex votantes delPP y el PSOE y ahora la culpa parece que es de todos menos suya. Cada ex arrastra consigo un pasado, un ajuste de cuentas pendiente y una forma muy concreta de entender la venganza democrática. Por su naturaleza, se pasan el día echando en cara las promesas. Los ex no votan a favor de casi nada sino en contra de casi todo. El voto convertido en una factura emocional. El resultado es que ahora el tráfico de ex ya no va sólo entre el PSOE y el PP, del PSOE a la izquierda o del PP a la extrema derecha, sino que también votan a Vox los ex del PSOE y de Podemos. Y eso ya genera un poliamor tan complejo que va más allá del debate sobre la igualdad, el cambio climático, la identidad, el centralismo o el género, así que para analizarlo va a ser mejor que llamen a los espectadores más fieles de La Isla de la Tentaciones, donde creo que también hay mucho cambio de ex, porque mi juridicción llega hasta Izagre.
Al Gobierno ahora no le va a quedar más remedio. Parecen nuestra condena pero en realidad son nuestra salvación. Hay que asumir cuanto antes la regularización masiva de todos los ex. Cotizan, son pilares de nuestra sociedad, seres humanos sensibles que tienen derecho a una vida digna y a que no se vincule siempre su colectivo con la delincuencia. Puede incluso que la regularización masiva de los ex empiece ya mañana mismo, tras conocer el resultado de las elecciones de Aragón. Otra buena cortina de humo antes de los pactos. Los ex que resulten electos comenzarán a negociarlos como si fueran un divorcio, pero los acabarán celebrando como se celebran ahora las bodas: intentando que no parezca que hemos hecho un buen negocio. Se juran amor eterno pero saben que pronto no serán más que otros ex.