Liu Zhijun nació en 1953 en la provincia de Hubei, en el seno de una familia de agricultores. Tras abandonar los estudios, entró a trabajar en el Ministerio de Ferrocarriles chino a los 19 años, en un modesto puesto de oficina. Tras afiliarse al Partido Comunista Chino, empezó a ascender en el escalafón, hasta que en 2003 fue nombrado ministro de Ferrocarriles del país.
Durante los ocho años que estuvo al frente del ministerio, Liu Zhijun llevó a cabo el ambicioso proyecto de implantación de la alta velocidad ferroviaria en China, que hoy tiene la red más importante del mundo (dos tercios de los kilómetros de vías aptas para velocidades superiores a 200 km/h se encuentran allí). En 2008 se abrió la primera línea de alta velocidad en el gigante asiático, a la que rápidamente siguieron otras muchas. Además, en 2006 inauguró la línea hasta Lhasa, que conecta la capital del Tíbet con Pekín y que es la más elevada del mundo.
Todos estos logros llamaron la atención de políticos de todo el mundo, que quisieron conocer de primera mano los pormenores del ‘milagro’ ferroviario chino, desde los demócratas estadounidenses hasta los socialistas españoles. El régimen aprovechó para hacerse propaganda y dotó al ministerio del segundo mayor presupuesto, sólo por detrás del Ejército: 200.000 millones de euros, según ‘The Guardian’. Liu quiso liderar un proyecto frenético de expansión que exigió jornadas a destajo e implicó desatender alertas sobre posibles fallos de seguridad.
La gestión de Liu empezó a ser cuestionada después de que se descubriese que había colocado a su hermano en un puesto del ministerio, desde donde éste se dedicó a recibir mordidas y planificar el asesinato de empresarios. En 2008, un choque entre dos trenes en Zibo provocó 72 muertos. Investigaciones posteriores destaparon una trama de corrupción liderada por Liu Zhijun, que acabó con su destitución en febrero de 2011 y su expulsión del Partido Comunista en mayo. Dos meses después se produjo un nuevo choque entre dos trenes en Wenzhou, en una línea de alta velocidad, que se saldó con 40 muertos. Según el Gobierno, el accidente se produjo por deficiencias de mantenimiento y problemas de señalización, y Liu figuró entre los responsables señalados. De manera paralela, la investigación oficial sobre corrupción reveló que había recibido unos nueve millones de euros en mordidas, que poseía 350 pisos y 16 automóviles, y que mantenía a 18 amantes. En 2013 fue juzgado, declarado culpable de corrupción y condenado a muerte con suspensión, una pena posteriormente conmutada por cadena perpetua.
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