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La papeleta enfurecida

01/03/2026
 Actualizado a 01/03/2026
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Los periodistas deportivos compiten con los entrenadores de fútbol a ver quién consigue llamar más la atención poniendo titulares. Los entrenadores ponen titulares que hacen que las cosas pasen, que los goles entren o salgan, y los periodistas ponen titulares que se supone que cuentan lo que pasa. Se trata de un género en el que se prohibe la objetividad, así que a veces nos encontramos con titulares que no cuentan lo que ya ha pasado antes sino que ordenan lo que tienen que pasar después. En el caso de la Cultural y Deportiva Leonesa, los periodistas afines al club, que en León son básicamente todos menos algún iluminado que despeja las dudas sobre cuál es aquí el lado bueno de la historia, enterraron esta semana al entrenador. Antes del último partido, ya le habían aplicado la Extraunción, así que tuvieron suerte de que no ganara (estuvo a punto) porque ya tenían escritos los obituarios. El ‘Cuco’ Ziganda ha sido sustituido por Rubén de la Barrera, que antes vestía como SonnyCroquett en ‘Corrupción en Miami’ y el otro día llegó a la presentación un tanto militarizado, lo que en tiempos debía de ser el infierno para los amantes de la moda. Se empieza ya a hablar abiertamente de milagros, debe de ser por la proximidad de la Semana Santa, y al nuevo entrenador se le encomienda obrarlo cada domingo al salir de misa. En un mundo tan maromizado como es el fútbol se tardó mucho en hablar de la salud mental de los jugadores, no fuera alguno a perder testosterona en el debate, pero en este caso se habla del componente emocional de la grada, a la que habría que aplicar una posología de grageas de humildad (el dinero puede ser un problema por defecto o por exceso), cursos de anatomía y geografía básicas (para cuando cantan «aquí están, estos son, los cojones de León») y la siempre polémica Educación para la Ciudadanía. De postre, aunque se puede omitir si estás lleno, nociones básicas de fútbol. 

Si se trata de un componente emocional, todos sabemos que al ‘Cuco’ Ziganda no lo echaron por el juego ralo del equipo, ni por llevar diez partidos sin ganar, ni por haber acabado en puestos de descenso, que fueron los argumentos que titularon los periodistas más culturalistas que la Cultural, sino por algo que en esta provincia no se puede consentir bajo ningún concepto: estar justo por detrás del Valladolid. Hay que tener en cuenta que estamos en campaña electoral y los sesudos debates que giran a nuestro alrededor pueden llevarnos a calcular el peso de una nuez, así que todo es posible. Si se compara, es bastante injusta la decisión de despedir solo por eso a un entrenador porque, si somos sinceros, a quedar justo por detrás de Valladolid es justo a lo que salen todos los candidatos de los partidos leoneses en la campaña electoral que arrancó el pasado jueves.

«Si vuelven los incendios este verano, ¿queréis que gobierne otra vez Mañueco?»,dijo el pasado domingo Pedro Sánchez en Ponferrada, así como si hablara a niños o a discapacitados, con tono de perfecto payaso (todos mis respetos a los payasos) ante una grada tan seleccionada y entregada que sólo le faltó presentarse con un «¿Cómo están ustedes?». A las puertas del mitin, los socialistas cascaban nueces, una ingeniosísima performance contra la campaña del PP, que reza ‘Menos ruido y más nueces’. Se le ocurría al mismo lumbreras que para dar a conocer a su gris candidato apostó por un cartel en el que no se le ve la cara. La verdad es que nadie les puede negar que se lo están currando y que hacen todo lo que pueden para disimular lo bien que se vive en la oposición. 

Los peperos, por su parte, dicen que ellos son todo certezas y que van a convertir que esta comunidad en la tercera mejor de España.¿Cuáles serán para ellos las dos primeras? Qué cosas. Hasta ahora teníamos la sensación de que no escuchaban a sus votantes pero ahora parece que tampoco se escuchan a sí mismos: ante tan ambicioso reto y ante cualquier otro que planteen, es inevitable preguntarles a qué se han estado dedicado estos últimos cuarenta años. UPL, en cambio, para que no parezca que todo lo que tiene que decir es que León solo y que solo León, apuesta por mandar veinte notas de prensa al día, la mejor sistema para que asegurarse de que acaban todas en las papeleras de reciclaje. Han estropeado el que podía ser su mejor momento de la historia porque pagarán su apoyo al PSOE a cambio de nada, que es lo único que se puede decir para que no parezca que el apoyo es a cambio de cargos y sueldos. En Vox andan buscando a quién se le pone cara de vicepresidente, porque para cara dura de escultura ecuestre ya está la de su líder, que esta semana pasó de decir «ancha es Castilla» a decir «sin León no hubiera España». Si va a Corbillos de la Sobarriba tuitea antes algo de que los titos son duros de pelar. Fijo. 

Con todo ello se entiende un poco mejor que haya tanto desapego hacia esta campaña electoral. Lo pudimos ver en la primera pegada de carteles: antes había militantes ilusionados que, a cambio de nada, durante la madrugada dejaban la ciudad sembrada de miradas tan bienintencionadas como inquietantes, pero ahora todos los que van a la pegada nos cuestan dinero o nos van a costar. Estamos ante el voto emocional y por eso en este periódico salimos a hacer una encuesta de calle pero no quisimos preguntar a la gente por lo que iba a votar, que es algo muy íntimo y sólo se atreven a preguntarlo los encuestadores cuando son máquinas, sino por lo que no iban a votar. Era una pregunta basada en ‘No está pasando’, la mejor sección de la historia de la televisión, de cuando el Follonero molaba y sus programas no parecían las soporíferas conversaciones de inteligencias superiores, como aquellas en las que el Banco Sabadell sentaba a Punset , Guardiola y Adriá y salían corriendo hasta los cámaras. En la calle todo el mundo tenía muy claro a quién no iba a votar y eso también es peligroso: algunos te escuchan decir que no a otro y entienden que les estás diciendo sí a ellos. Para agitar esa membrana de emoción hace falta un carisma y un magnetismo en los discursos que no se ve en ningún candidato, que aquí se mueven entre ínfulas de influencer y los cánticos de oposición a notarías. Dijo Vicent hace ya muchos años que importa mucho el órgano desde el que se vote, que deberían ser el corazón o la cabeza si todo va bien, pero las alternativas son hoy tan pocas que en casi todos los casos se debe depositar la papeleta enfurecida tapándose los ojos o la nariz. Y los oídos, por supuesto. El principal peligro lo tienen los que votan muy decididos y justo después, sin que se lo pidan el presidente ni los vocales de la mesa electoral, apostillan: «A tomar por el culo». Eso sí que es emocional. Ojalá fuera todo tan sencillo como cambiar a un entrenador.

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