Aunque hoy es martes, y debido a que el amigo Ángel tiene encomendado el cuidado de un nieto como labor principal, dado la edad que ya pesa sobre sus espaldas aunque, a decir por los que le conocen, poco se le notan los años por el mucho pelo que conserva y con la mente despejada con capacidad para razonar con claridad y rapidez ante cualquier circunstancia, como yo he sido testigo en tiempos de difíciles razonamientos. A lo que voy a referir como alguna otra vez he manifestado, es lo que de positivo tuvo el archiconocido, (aunque no del todo comprendido), como fueron las amistades que se forjaron entre personas de diferentes partidos políticos en el llamado PACTO CIVICO para formar el equipo de gobierno y las cuales siguen patentes en el día de la fecha entre amigos. Como se deduce de la materia que voy a tocar, me refiero al café que los lunes (si no surgen otras obligaciones) quedamos para tomar un Idem y de paso generar cierta intriga entre los nos ven juntos recordando que en aquella legislatura supimos convivir, sin prácticamente conocernos, con la única pretensión de hacer lo mejor para León. En una de aquellas conversaciones amigables, les conté, que estando en el desaparecido Bar Cantábrico del amigo José Maria establecimos una pequeña tertulia entre personas de todos colores (políticos me refiero) en la que salían a relucir las aventuras que cada uno había vivido a la hora de confeccionar las listas electorales, fundamentalmente las municipales de toda la provincia que, en la nuestra, eran muchas y, en algunos lugares, con poca población, era difícil la cuestión. Como era lógico los dos partidos (PSOE Y AP) mayoritarios de llevaban la palma sin olvidar el cierto recelo que todavía quedaba de tiempos pasados, sobre todo en los partidos de izquierdas por las consecuencias sufridas en tiempos pasados. A mí, que soy mucho de guardar vivencias conocidas o vividas, se me ocurrió contarles, lo que un amigo, que tomaba café a la hora que un servidor hacia lo mismo, algo que reflejaba el incipiente ambiente político del momento cuando al ir a buscar candidatos a un pueblo que le habían dicho que allí se inclinaban por las derechas, que era de donde era el que nos lo relataba. Al estar cara a cara con el recomendado, pitillo en mano, que era el que pensábamos que seria el que encabezaría la lista por ser un hombre de mucho reconocimiento en el pueblo. La sorpresa fue que, después de mantener una larga conversación, le pusieron el documento de compromiso con el partido para que lo firmara aceptando el ir en la lista del partido, este manifestó: “no, si yo en la lista no quiero ir, yo para empujar”. La realidad, en muchos casos de entonces, fue que muchos empujaron y otros se lo llevaron. El café, aunque con la sentida ausencia temporal de Ángel, a Andrés M. Trapiello y a mí, nos supo a gloria, aunque yo nunca supe lo que era el mencionado sabor, pero si supe que la gloria que se sentía de verdad para combatir el frío, era la calefacción que emanaba del suelo alimentada, sobre todo de paja, a través de unos conductos que transcurrían bajo aquellas baldosas color ladrillo que producía esa agradable sensación de calor en algunos pueblos de la provincia en invierno. Otro martes más.
Pacto mañanero y cafetero
04/11/2025
Actualizado a
04/11/2025
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