Empecé y borré muchas veces esta columna. Demasiado envenenado, con palabras gruesas y descalificaciones. Dedo sobre la tecla de retroceso y vuelta a empezar. Así que prefiero arrancar por lo bueno: hace una semana miles de personas de León salieron a la calle para protestar por el proyecto de soterramiento de las vías de FEVE hasta la estación de Padre Isla. Una cadena humana unió el apeadero de La Asunción con el comienzo de la línea para exigir la paralización del plan del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible de cubrir las vías de la integración ferroviaria y resolver el trayecto entre ambos puntos con un autobús eléctrico.
Durante la jornada hubo numerosas menciones a Javier Alfonso Cendón, todavía hombre fuerte del PSOE en la provincia, a pesar de haber sido apartado de la ejecutiva socialista por su “connivencia” con Santos Cerdán -según palabras del alcalde de León, José Antonio Diez-, ex secretario de Organización del partido, actualmente en libertad provisional tras haber ingresado en prisión acusado de los delitos de cohecho, organización criminal y tráfico de influencias. El ‘recado’ del pueblo para Cendón era claro: que transmitiera al ministro Óscar Puente que no se va a tolerar la “humillación” de perder una conexión clave para el futuro de esta tierra.
Pocas horas después, la tragedia. Se le pueden dar muchas vueltas a lo sucedido en Adamuz, pero a estas alturas hay una certeza: la vía se partió y murieron 45 personas. Más allá de intentar tapar o desviar responsabilidades en un accidente con tantas víctimas, ése es el hecho. Y de ahí se desprende otra realidad: durante demasiado tiempo Óscar Puente se ha dedicado básicamente a echar el rato en redes sociales, riéndose de los ciudadanos -insultándolos, en muchos casos- que le preguntaban por su desempeño o alertaban de los problemas de su ministerio.
Especialmente triste de ver ha sido su actitud respecto a la situación ferroviaria en España, que durante su mandato se ha visto jalonada de retrasos, cortes y accidentes. Cuestiones, muchas de ellas, alertadas tanto por los usuarios como por los profesionales del sector. Cada vez que se le ha puesto frente a una de estas disfunciones, su actitud ha sido chulesca, burlona. Ha tenido que producirse una desgracia en una infraestructura de la que es responsable último para que podamos ahorrarnos finalmente ese espectáculo. Más allá de lo que le espera a tal personaje, prefiero centrarme en nuestro porvenir y copiar el lema que proclaman desde hace tiempo en Aranda del Duero: Sí al futuro, sí al tren.