Aquí estoy, esperando las grandes nevadas pronosticadas por los meteorólogos de las televisiones. Un fenómeno que también nos deja fuera del concierto. ¿No recuerdan aquellas las nevadas descomunales de hace unas décadas? ¿O cuando León era una referencia del frío?
Estando lejos de mi tierra, cuando me preguntaban de dónde era, a algunos ni siquiera les sonaba y tenía que decir «por debajo de Asturias» o «pegado a Galicia». «Hay además una catedral gótica...» y decían «sí Burgos». Exasperante. Pero quienes lo conocían, exclamaban «jo, qué frío pasé durante la mili». Poco tenemos para destacar entre otros lugares. Y es que León se ha convertido en un mero azucarillo que nada en la jícara de Valladolid mientras va desapareciendo. Y no estoy hablando de la derrota de la Cultural ante el Pucela.
Decir que nieva en Castilla y León –lo mismo dan Segovia que Busdongo– es no decir nada, en una región tan vasta como esta en que nos han encasillado. La intención de Martín Villa, era mantener un bloque fuerte que aglutinara España y los valores eternos, frente a los separatistas. El fracaso fue estrepitoso ante las comunidades, vasca, catalana, gallega y andaluza, que también andan de comparsa con los moros. Desde Felipe hasta Rajoy, o gente como Iceta, que nunca falta. A este paso corremos el riesgo de quedarnos solos, como último rescoldo de lo que fuera España.
Solos y vacíos, porque la Comunidad –cómo odio esta palabra– pierde población de forma galopante. Incluso Valladolid que, comparado con el chorreo de los 100.000 habitantes perdidos por León en las últimas décadas, sale mal parado. Pero cuando aquella ciudad creció brutalmente, fue a costa de la nuestra. Primero se llevaron el Banco de España, que ocupaba un flamante edificio en Ordoño II. La gestión de Correos, cosa de magia: echas una carta en un buzón de León... y aparece en Valladolid. Un caso sangrante –literalmente– es el de la encomiable Hermandad de Donantes de Sangre, cuyas extracciones en José Aguado o unidad móvil, son redirigidos en la misma dirección. Y para acabar, entre otras cosas, el apoyo incondicional que dio nuestro alcalde al aeródromo de Villanubla, frente a la Virgen del Camino. Pero con estos mimbres, no lograremos hacer ni un cesto.
Nos quedamos solos
07/02/2018
Actualizado a
18/09/2019
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