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No tengo yo más que hacer

01/02/2026
 Actualizado a 01/02/2026
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Cada vez que los leoneses anuncian una manifestación se deben de activar todos los protocolos de emergencia. Hasta Mazón apura gintonic y pregunta dónde se celebra el Cecopi más próximo. Con lo que cuesta levantarnos del sofá, tan dados a decir lo de «no tengo yo más que hacer...», cuando al fin conseguimos ponernos de acuerdo para sacar a la calle la rabia por alguno de los millones de motivos que nos rodean resulta que, a continuación, se desata alguna catástrofe que hace nuestro protagonismo mucho más fugaz de lo que ya resulta de por sí. Salimos a gritar que León era el nuevo Detroit en febrero de 2020 y a los cuatro días nos confinaron. El chino que se comió un murciélago seguro que tenía parientes en Pucela y lo hizo por ningunearnos. La tradición de protestas que terminan siendo invisibles viene de tan lejos que, si aquí hubiera chirigotas, en el próximo carnaval le dedicaban cuplés. Ya en 1984 se celebró una manifestación por la autonomía leonesa que todo el mundo califica de histórica y lo debió de ser de verdad, porque entonces el adjetivo no estaba tan manoseado, aunque las cifras oscilan entre los 5.000 según la prensa local y los 90.000 que han pasado a la memoria popular. El problema fue que la anterior manifestación, celebrada en 1978, la había convocado el GAL (Grupo Autonomista Leonés) y un día antes de la de 1984 los otros GAL asesinaron a un etarra y ETA asesinó a un miembro de los GAL, así que el país no estaba para reflexionar si al entonces recién creado estado de las autonomías ya le tiraba la sisa. 

Para mantener el hábito, hace un par de semanas los leoneses participaron de forma masiva en otra manifestación para pedir que no entierren las vías de Feve y, por la tarde, llegó la tragedia de Adamuz, así que el ministro de Transportes no habrá visto siquiera las fotos de la cadena humana por el ya famoso corredor verde. Desde entonces, sólo se le consiente pugnar por el protagonismo ferroviario nacional a Rodalies, el más politizado, saboteado y deseado servicio ferroviario del país que, salvando las insalvables distancias, hace las veces de nuestra Feve porque, mejor o peor, sirve de cercanías, con la diferencia de que el Gobierno nacional y el autonómico pugnan por su control mientras en el caso de Feve, a falta de sorpresas en forma de anuncios electorales, todos se dan mus. 

En cualquier caso, aunque las imágenes no llegaran al ministro Puente, se puede considerar que la manifestación fue un éxito, porque en León nos cuesta mucho manifestarnos pero solemos tener más éxito cuando es para pedir que no hagan algo que cuando es para pedir que sí lo hagan. Ahí está la línea Sama-Velilla como ejemplo. O el pacto de gobierno en el Ayuntamiento de Villaquilambre de hace un par de mandatos, cuando el PP y una maraña de partidos y oportunistas desbancaron al PSOE de la alcaldía con un pacto en el que Mañueco se comprometía a hacer lo que mejor sabe: nada. Y cumplió, claro. En el caso del tren de Feve, ya dice el PSOE que si la gente no quiere, que por lo que sea no se habían dado cuenta, pues que no se taparán las vías. Se puede considerar un éxito de los manifestantes pero tampoco hay que emocionarse: antes habían asegurado que los trenes iban a llegar a Padre Isla y antes que iban a construir una plataforma logística en Torneros y antes... La verdad es que los guías turísticos podían poner a prueba la imaginación de nuestros visitantes proponiéndoles una ruta por todas esas infraestructuras que sólo formaron parte de los discursos, lo que de paso renovaría automáticamente ante la Unesco nuestra candidatura a Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

El que sí se cumplió, en cambio, fue el último de los 25 puntos del pacto que firmó el presidiario Ábalos con la Unión del Pueblo Leonés para gobernar en la Diputación durante el anterior mandato: crear una comisión de seguimiento del propio pacto. No dijeron entonces que esa comisión consistía en pactar de nuevo y esta vez sin comprometerse a nada por escrito, así nadie puede andar malmetiendo con que les han vuelto a engañar. Los leonesistas presentan muy dignos mociones que los socialistas les aprueban muy soberbios, porque saben que no van a llegar más allá de Izagre. Ahora la zanahoria es una terminal de carga en el aeropuerto, que fue de lo que hablaron con el ministro Puente cuando tuvo a bien recibirlos (dos años después de llegar al cargo) pero resulta que las novedades al respecto son que hemos encargado un informe para saber exactamente la demanda que tendría. Sin ser yo muy avispado, diría que lo podían haber pedido mucho antes.Seguramente ya esté hecho y se guarde en el mismo cajón que los estudios sobre la reapertura de la Vía de la Plata o el lazo del Manzanal, porque en todos esos casos se ha aplicado la vieja técnica de algunos gabinetes de prensa cuando, después de criticar a los periodistas por ser unos vagos que esperan por las notas de prensa en lugar de buscarse sus propios temas, algún incauto juntaletras les pide ayuda para investigar algo y la respuesta es siempre un contundente: «Te lo miro». Aunque ya hayan colgado el teléfono, se puede escuchar al otro lado: «No tengo yo más que hacer». 

Los motivos para la esperanza podrían ser que para las ya inminentes elecciones autonómicas tres mujeres leonesas encabezarán las listas de los principales partidos por esta provincia, pero el optimismo se diluye al saber que el hasta ahora cuarto en discordia no tiene ni siquiera candidato aún y, precisamente por eso y por el espectáculo que están dando el resto, no para de subir en las encuestas. A ello hay que añadir que Pedro Sánchez ha decidido introducir, se supone que en plena batalla electoral aunque ya se nos empiezan a despejar a todos las dudas de si quiere entregar las comunidades autónomas, asuntos que son sin duda necesarios pero que en este preciso momento generan debates que benefician sobre todo a la ultraderecha, como la regularización de migrantes o la reforma de la financiación autonómica. Serán cortinas de humo. Como todo lo que pasa cada vez que se manifiestan los leoneses. 

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