Ante la inestabilidad política que azota el país, ante la crisis institucional sin precedentes, ante la necesidad de diálogo y de alcanzar acuerdos, ante la importancia histórica del momento y las constantes llamadas a la responsabilidad de Estado, en Madrid ha vuelto a surgir, obviamente, el nombre de José Mourinho. El entrenador portugués es un experto en el terreno en el que nos adentramos: el del no. Él terminó haciendo las alineaciones del Real Madrid decidiendo primero a los que no quería poner y luego completaba el once como podía, por eso su nombre vuelve a sonar con fuerza ahora que los políticos, para empezar a negociar, dicen primero lo que no quieren, a quien no quieren y cuándo no lo quieren. Tiene algo de cortejo adolescente lo que hay entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, porque uno dice que no y el otro hace como que no escuchara. El uno insiste con la seguridad de que el otro tarde o temprano cambiará de opinión, en plan «quién te va querer a ti si no». Adolescentes parecen, sí, pero éstos saben perfectamente que, como se ha vuelto a demostrar en estas elecciones, el ruido de las redes sociales no acaba de retumbar en las urnas, por eso para mandarse mensajes diciéndose que no se quieren prefieren los titulares de los periódicos a los guasap. El problema es que tanto el uno como el otro, cuando se quieren poner seductores, sienten una presencia inquietante, una voz femenina en la oreja recordándoles en todo momento lo que no quieren, lo que no van a ceder, lo que no le van a consentir al otro. Algo así como ir a ligar con tu madre detrás. Difícil triunfar, claro. Lo más humillante que te puede pasar entonces es que la chica con la que quieres ligar se dirija directamente a tu madre en vez de a ti, dejándote claro que no pintas nada en todo esto, que es lo que está haciendo Podemos conSusana Díaz. Ya conté una vez la versión moderna de aquel refrán: ahora el diablo, cuando se aburre, mata moscas con la coleta. Al final todo el cortejo se reduce a una votación en la que los síes tienen que superar a los noes, y de momento sólo sabemos que todos están por el no. Así, en general. No a todo. No, no y no. Te negaré tres veces y las que hagan falta. La negación copa los debates hasta el punto de que algún partido ya anuncia los artículos que no va a cambiar de la Constitución. Como si le preguntas alGPSdónde estás y te dice dónde no estás. Supongo que empezar negando hasta los buenos días sea el mejor punto de partida para llegar finalmente a un acuerdo, y lo supongo porque es lo que están haciendo sin excepción todos estos sabios a los que acabamos de elegir para que nos representen y que tan acostumbrados estar a negociar. A las pruebas no me remito. Realmente, el de negarlo todo es un gesto de madurez, porque han abandonado el «y tú más» de hace sólo una semana, otro clásico en el patio del insti. Pero si la revolución del no se evidenciapor algo es sobre todo porque, cuando les preguntan, Soraya Sáenz de Santamaría y Susana Díaz aseguran que no tienen nada que decir en todo esto.
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