La cuestión es que ya me llegó la aguja del tocadiscos y, estando en plena faena de pinchar los recuerdos me he puesto algo sentimental. La isla de Wight, Bangla Desh, Donovan, King Crisom o Procol Harum… Así me han dado las tantas y dentro de unas horas tendré que levantarme sin haberme acostado. Quizá por el insomnio me he acordado de Luis Aguilé –la versión alegre de otro argentino añorado como fue Alberto Cortez– que sacaba canciones horteras pero simpáticas; quién no se acuerda del tío calambres; pero hoy sobre todo, la de «es una lata el trabajar… todos los días tenerse que levantar». ¡Qué pensamiento más profundo! Parece que está contando mi vida cuando de noche me adentro en las calles de la ciudad y el llegar a casa tarde sin haber comido, apenas unos cafés y una pastina, como los ingleses. Y luego tanto rollo del gobierno y el From sobre las dietas saludables ¡hipócritas!
Es lo que hay. Y mientras los trabajadores engrasan la máquina del País y la economía los que debieran marcar la pauta y dar ejemplo con sentido de la responsabilidad, en virtud de sus emolumentos y privilegios, se miran el ombligo, se tocan los huevos y se enzarzan en discusiones bizantinas. Son meros fantasmas que hemos creado; nos quitan el sueño, nos complican la vida y además son insaciables. Miedo me da el día en que se desperecen y empiece el juego de verdad. Pero, pase lo que pase, sea quien sea, no me fío de ninguno. Aunque, pensándolo bien, sin ellos todo va igual. Qué poco los echamos de menos. Así pues, disfruta de estos días y que siga el espectáculo.
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