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No disparen al maestro

23/12/2015
 Actualizado a 07/09/2019
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Es una perogrullada decir que la educación en España brilla por su ausencia. Tanto en la modalidad que se conoce como cortesía, buenas maneras y saber estar. Nos hemos hecho tan espontáneos que hablamos mal y hasta en los medios, cada vez más, se dicen expresiones soeces que, hace no demasiado,eran inadmisibles. Más propias de los chigres, tabernas y debates políticos. Pero resulta que la urbanidad consiste en hacer fluida la convivencia: callar, no ofender innecesariamente o poner buena cara aunque, en el interior, sintamos disgusto.

Como aprendizaje, la Educación, es víctima de lo anterior. Los niños entran ignorantes a la escuela y se supone que aprenden a comportarse y a amueblar las cabezas con conocimientos. Sin embargo, por el cariño mal entendido de los padres modernos, llegan sin escuadrar y sentido del respeto nulo; si no lo tienen a sus abuelos, ni padres, menos por el maestro. Así, se escucha en la aulas: Tú, ¡oyes! o ¡chist!, refiriéndose al profe. Y todo, entre gritos. Los farmacéuticos saben bien la cantidad de propóleo que consumenmaestras y maestros para no perder la voz. No hace falta escuchar a Pisa para el fracaso escolar porque la responsabilidad está la sociedad. Empezando por la familia y acabando con el ministro de turno.

Y, como los guajes son intocables, se tiende a disparar al maestro. Un caso peculiar es el manifiesto de Marina –el filósofo creador de opinión– que habla de la preparación de los docentes y tal y tal, echándoles la culpa. De los niños nada. Del hacinamiento en las aulas para ahorrar profesorado nada; de la convivencia de niños de distinta procedencia, que no hablan español, tampoco. De los privados que seleccionan alumnos pudientes y más capaces, ni pío… Por eso, una vez abierta la veda, hay quienes meten baza sin criterio haciendo leña del árbol caído. Lo más irritante el anuncio de la cadena atresmedia; un proyecto de programa para mejorar la capacidad y estrategias de los maestros ¡válgame dios! Qué atrevimiento y que falta de respeto a un colectivo ejemplar y, cuando no heroico. Y ello a cargo de gente guapa, presentadores y famosos. Terrible. Habría que preguntarles a ellos qué hacen las televisiones por la cultura o a la formación de los escolares. Bueno, Feliz Navidad tenga usted, maestro, amigo.
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