Adecir verdad, la obra es ‘Doce Hombres Sin Piedad’ de Arthur Miller. Uno de los más célebres dramaturgos contemporáneos, autor de obras como ‘La Muerte de un viajante’ y la que antes mencionamos, sobre un jurado que dictamina un asesinato cometido por un joven con el pase para la silla eléctrica.
Más de doce de cien o de mil son los que pesan sobre la cabeza de Triana por su presunta participación en el asesinato de Isabel Carrasco; por la importancia de la víctima, por lo imprevisible y por las circunstancias que rodean a este proceso inusual.
Montserrat con su inquina y sangre fría, si es que se puede mantener la sangre fría cuando se trata de vengar a una hija. Y la hija, bajo la atenta mirada de varios policías, un jubilado atolondrado, un abogado escapista, la policía municipal, un antropólogo, psicólogos, medios de comunicación, el peso de la opinión pública y, ahora, funcionarios y exfuncionarios. Todos pendientes de ella, destripando cerebro y sentimientos para evidenciar lo que encierran. También está, estaba, la víctima que, a pesar de su desgraciada muerte, deja una honda huella. Nadie puede negar que se trataba de una persona autoritaria; dueña y señora de la vida política de León y de las numerosas instituciones en que participó; doce o trece cargos decía ocupar lo cual, presumo, que no se debe tanto a una capacidad de trabajo excepcional, como a la ambición, falta de confianza en la capacidad de los demás.
Entre los inquisidores –inquirir es preguntar– olvidaba la presencia de los inspectores de la A.T. a la cual pertenecía la extinta. Pero tiene su razón de ser. «Te enviaré una inspección de hacienda» era su temible arma arrojadiza y, ante tal, todo el mundo mostraba su acuerdo, su afecto y sumisión. Lo escucharon compañeros de partido, empresarios, periodistas –a la Ser le retiró la propaganda institucional- y el que se ponía a tiro. Realmente, no era unapersona que se hiciera querer y, a pesar de la costumbre de este país por ensalzar a las personas que denostábamos en vida, después de muertas, se han vertido pocos elogios sobre su figura que, acabado el juicio, pasará al olvido o un amargo recuerdo. Como dijo el poeta G.A.B. «Dios mío, qué solos se quedan los muertos». Todos.
Mil y un hombres sin piedad
03/02/2016
Actualizado a
07/09/2019
Comentarios
Guardar
Lo más leído