El paso del tiempo, 20 años, no ha sido óbice para recordar el día aciago en que Miguel Ángel Blanco fue secuestrado y vilmente asesinado por los terroristas de Eta.
Un episodio de lo más doloroso de todo lo sucedido en el País Vasco; por el crimen en sí y por la sevicia con que fue llevado a cabo.
El delito de Miguel Ángel fueron su valentía, sus ideas y firme voluntad de ser útil a su pueblo desde su cargo de concejal. El asesino fue precisamente, el miserable Txapote, el del slogan que se canta en las calles: «Que te vote Txapote».
La sociedad vasca estuvo -y aún está- secuestrada. Hay que callar, no manifestar las ideas, no pasar por ahí y ser prudente porque los terroristas, tal cual, andan por la calle y los exterroristas no existen.
Es un epíteto inventado por los políticos para edulcorar a los asesinos.
Aquel 13 de Julio, toda España estuvo en vilo y a las cuatro de la tarde sonaron dos disparos que acabaron con la vida de Miguel Ángel. Incluso la buena gente del País Vasco -que la habrá- salió a la calle para repudiar algo que habían contemplado repetidamente, justificado o no dando crédito a sus ojos.
Mucho tuvo que ver la actitud del clero abertzale que protegía y armaba moralmente a los terroristas, con las manos manchadas de sangre infantil. El padre Arzalluz, que colgó la sotana para sumarse a la causa. O el réprobo Obispo Setién, que negaba los funerales a las víctimas y oficiaba misas concelebredas para los sicarios. Txapote pronto verá la calle y como aquel siniestro Bolinaga, que soltaron por enfermedad, tardó en palmar y aún tuvo tiempo para homenajes e inauguraciones de batzokis.
Staff: En esta guerra, el negociador fue Zapatero, que nos vendió haber acabado con ETA y sacó rédito político.
Merche Aizpurúa, en su condición de periodista de Egin, en el departamento de información.
De Juan Simón, el enterrador, Patxi López, portando a toda prisa el ataúd de Isaías Carrasco (compañero de socilismo).
Y como no, en el papel estelar, ¡Pedro Sánchez! Que por su supervivencia en la Moncloa, entregó la política penitenciaria a los nacionalistas que abren las puertas a los terroristas. E incluso los colocan en las esferas del poder.
Finalmente, El Papa. No me explico que en su reciente visita, pasara por alto estos episodios y heridas cerradas en falso. O no se quiso enterar, lo engañaron o ambas cosas; pero el hecho es que -como dijo S. Juan de la Cruz- «Pasó por estos sotos con presura». En román paladino : «Como gato por ascuas».
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