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Mi huella de carbono

27/08/2025
 Actualizado a 27/08/2025
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Para mí lo de la huella de carbono, término difuso, acuñado por los lobies energéticos, me evoca al filósofo Empédocles cuando subió al Etna y tiznó una sandalia con la carbonilla del volcán.

La existencia humana siempre ha estado cercada por el fuego y el humo, de las guerras, el ferrocarril y el desarrollo industrial, donde lo haya. En los momentos difíciles nos ponemos a prueba y reconocemos nuestros supuestos valores. Una especilidad en la que los españoles somos expertos.

Ciento cincuenta mil vidas segadas durante la pandemia no han sido suficientes para abrirnos los ojos. Cadáveres enterrados sin autopsia y en el anonimato más ominoso mientras los políticos, con nombre y apellidos, mentían, desinformaban y aprovechaban el desconcierto para hacer negocio, con las mascarillas y las supuestas vacunas. Muchos de ellos en activo.

Irritados los ojos de tanto llorar por la pérdida de familiares, amigos y hogares. Hemos perdido: el comercio, el campo, los cultivos, el ganado, vidas humanas y unos pueblos seculares, por la desidia de los gobernantes ante el fuego arrasador. La falta de escrúpulos del gobierno en las catástrofes de León, Zamora, Extremadura... lo mismo que en Valencia. Pero nuestra desgracia... no será la última, mientras continúe la inhibición de la Junta y el gobierno central. Sin inversiones, ni sanidad, ni escuelas y trabas para el campo y la cabaña, poco podemos apostar por el futuro. A veces algún político nos engatusa con la recuperación de la Vía de la Plata. Pero nunca la veremos.

En la naturaleza, y en la vida, cuando un nicho queda vacío, otros colonizadores lo ocupan –tu cama por ejemplo–. Los pueblos no van a levantar cabeza; el envejecimiento y la despoblación son su fin.

Entre tanto el capital se prepara y ya tiene vía libre para el asentamiento de paneles solares, generadores eólicos y lo que les convenga. Hay precedentes. ¿Recordaís lo del Wolframio que salía de El Bierzo, con destino a las tropas del nacional-socialismo? ‘El año del Wolfram’ escribió Raúl Guerra Garrido.

Esperan inquietos los empresarios sin escrúpulos, banca y políticos corruptos a punto de alcanzar los beneficios de estas tierras asoladas. Actualmente, con el desarrollo de las nuevas tecnologías (celulares, vehículos eléctricos, armemento u ordenadores) se necesita algo más que wolfram. El impulso viene de la dictadura de la Unión Europea, que impone la extracción de las llamadas ‘tierras raras’ (escandio, litrio, lantano, cerio, praseodimio, neodimio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio) para no depender de China. Tiembla cuando algún canalla, desde su deapacho en Bruselas, mire hacia nosotros.

En cuanto a las ayudas del gobierno... hay que ponerse a la cola, detrás del seísmo de Lorca, el volcán de La Palma, las riadas de Valencia, el apagón de España y Portugal (no resuelto) y lo que tenga que venir mientras el dinero fluye hacia cuchipandas de prostitutas, garitos inmundos y paraísos fiscales.

Es una imagen manida –lo sé– pero no puedo evitar la concomitancia entre Sánchez y Nerón. No sólo por lo del fuego, sino por su autoritarismo despótico.

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