Oriundo de Casares de Arbas, situado en la Montaña Central de León, vive en la actualidad en La Robla, donde he tenido el gusto de verlo y hablar con él. En realidad, he podido verlo y escucharlo en diversas ocasiones, entre otras en Bembibre y en Toreno. Inolvidable aquella primera vez en la villa del Benevivere, en la que Mario, todo un descubrimiento, acompañara al poeta Ángel Fierro con motivo de una Tarde Literaria. Asimismo, ha participado en un sinfín de filandones, colaborando también con periodistas y/o escritores de la talla de Julio Llamazares o Fulgencio Fernández. Recuerda Mario aquellos inviernos largos en su lugar de nacimiento donde los mayores celebraban los ‘filanderos’ o ‘filandones’ en los que las mujeres ‘filaban’ cardando la lana o haciendo calceta, mientras los hombres, ociosos ellos, le daban a los naipes, a la brisca en particular. Aquellas veladas eran amenizadas por alguna panderetera o ‘pandera’ y todo el mundo acababa cantando y bailando. A partir de entonces, Mario sintió la llamada de la música de tradición oral. Y con diez años recuerda que sus padres le compraron una harmónica, que aún conserva. A fuerza de soplarla, lograba tocar algunas de aquellas canciones que escuchaba, admirado, en los filandones.
En su época de estudiante de Bachiller llegó a familiarizarse con la guitarra. Pero, como las posibilidades en su casa no eran muchas, tuvo que abandonar la música para ponerse a trabajar en la mina hasta que en el año 2000 le sonrió la vida con una prejubilación, que le ha permitido dar rienda suelta a su verdadera vocación, que le hizo entrar en contacto con un constructor de rabeles y aun con otro hombre que los tocaba, convirtiendo así su sueño en realidad. Y a partir de ese instante, Mario, en solitario o a través de grupos como Introle Folk o Piertigu, no ha parado de dar conciertos por toda la provincia leonesa (aún suena reciente su concierto de San Froilán en la Plaza Mayor de León), incluso por Asturias y Cantabria.
Amante de las montañas, y del camino, Mario se lanzó esta primavera, con el rabel en la mochila, a recorrer el Camino de Santiago desde Roncesvalles a Finisterre en una aventura que recuerda enriquecedora y altamente recomendable. Tocó y cantó en albergues, calles, iglesias… para peregrinos y gentes que quisieron escucharlo.
Mario, el rabelista de Arbas, es un gran valor musical y humano en la provincia leonesa.
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