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‘Maricones no, gracias’

05/07/2026
 Actualizado a 05/07/2026
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Recuerdo la primera vez que vi a Superputa en concierto. Fue en no sé qué sarao de homenaje a no sé quién y se marcaron una versión de ‘Como una ola’, de Rocío Jurado, que dejó a todo el mundo con el culo torcido. Luego llegarían otras delicias, como su reinterpretación del ‘conxuro’ de la queimada y su mayor ‘éxito’ –muy oportunas las comillas–, ‘Nintendo’, con aquel inolvidable estribillo en la voz de Popita, cantante y ‘frontwoman’: «No seas tacaño e invítame a una copa./ Si lo haces, nene, yo me quitaré toda la ropa».

Eran años locos, anteriores a las redes sociales, cuando el llamado ‘tontipop’ celebraba la irreverencia y la iconoclasia. Por eso a nadie le escandalizaba una canción titulada ‘Maricones no, gracias’, que arrancaba así: «Vosotros, invertidos, ¿qué os creéis? ¿Que sois personas? ¿Que tenéis derechos? Si Franco levantara la cabeza se daría con la tapa en las narices». Más adelante, entre otras lisuras hoy casi irreproducibles, sonaban versos como éstos: «Y sin parar, yo veo a maricones/ en la playa y en la montaña/ tocándose las nalgas y riendo sin parar».

Ni siquiera hace falta decir que una canción semejante sería hoy impensable. La clave está en una frase, que antaño se pronunciaba entre interrogaciones para denotar perplejidad y que hoy se articula como una afirmación: «Hay que explicarlo todo». Si, hijos sí. Vivimos en la época de la exégesis permanente. Sale un videoclip en el que un cantante rompe a llorar porque una chica se marcha y, acto seguido, aparece un comentario: «Él llora porque ella se ha ido». Formidable. Un nuevo Sherlock Holmes.

Con Superputa sucede justamente eso. Hay que aclarar que ‘Maricones no, gracias’ es una letra irónica, que ridiculiza aquello que aparentemente defiende. Pero explicar un chiste suele ser la forma más rápida de matarlo, y hasta las mayores exaltaciones de la subnormalidad parecen necesitar hoy un manual de instrucciones. El resultado es casi siempre el mismo: el ceño fruncido.

Pensaba en todo esto mientras veía las celebraciones del Orgullo en Madrid, seguramente las más multitudinarias y orgiásticamente capitalistas de este rincón del mundo. ¿Boicotearían hoy a Popita y compañía por unas letras «ofensivas» o por un uso «inapropiado» de la palabra «maricones»? Quién sabe. Lo que sí ocurrió de verdad fue la frase que pronunció anteanoche Kevin Carrera, ganador del concurso Mr. Gay España 2026, celebrado también dentro del Orgullo. El joven gallego, cuyo padre dejó de hablarle tras conocer su homosexualidad, dedicó el premio a su madre, pero también a su progenitor: «Quiero que sepas que te quiero y que estoy aquí. Pero también que tu hijo ha ganado este premio por maricón».

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