Al tiempo que cierra el centro dedicado a formar trabajadores que tenía en León, Adif castiga a un trabajador por criticar que no recibe formación. Una maniobra magistral. La firmaría, incluso, el ya para siempre admirado agricultor que volcó el coche del cobrador de deudas con la pala de su tractor. Quedan en segundo plano detalles insignificantes como que ese centro se traslada ahora a un hotel de Valladolid o por qué los trenes siguen acumulando cada vez más retrasos. El jefe le llamó a su despacho, dio unos cuantos puñetazos encima de la mesa, uno por cada sílaba para enfatizar su miseria moral, le dijo que había mordido la mano que le daba de comer y que le quitaba el derecho a teletrabajar para poder ver a su familia.
Parecía que los contribuyentes, ahora electores, en breve votantes, éramos la mano que daba de comer a los funcionarios o a los trabajadores de alguna institución pública, pero resulta que no, que sigue siendo al revés. El dinero público se puede utilizar para intereses privados y para venganzas personales, porque en este país en general y en esta provincia en particular está mucho más penado denunciar una injusticia que provocarla.
En nuestras instituciones, ese resort sin pulseritas, disponen del personal y del dinero en función de los intereses no de los habitantes de la provincia, que sería demasiado lógico, sino de los de cada partido, intentando pasar por la piedra al que denuncia su torpeza, aunque sea esa misma torpeza la que les acabe delatando. En los partidos sí que saben lo que es nunca morder la mano que les da de comer, porque están habituados a callar y obedecer, dos méritos que te pueden aupar a cualquier lista o cargo que te propongas, como volvemos a comprobar estos días. Pero el caso del alto cargo de Adif diciéndole al empleado que ha mordido la mano que le da de comer resulta especialmente metafórico. Adif parece considerar también que esta provincia, por su tradición ferroviaria, por su ubicación estratégica que parecía que era lo único que nadie le podía quitar, ha mordido demasiadas veces la mano que le da de comer, así que le retira el plato. La solución a sus carencias formativas consiste en acabar con la formación. La solución a acabar con la formación es dilapidar al que proteste por ello. Lo peor es que no se trata de un chiste sino de un modelo de gestión y, sobre todo, de un modelo territorial al que por aquí estamos demasiado habituados. Primero se reducen las infraestructuras, después se trasladan los servicios, a continuación desaparecen los empleos y finalmente alguien presenta un informe muy sesudo explicando que la gente se marcha. Total, si ahí no votan más que cuatro viejos.
Buen ejemplo de todo esto es el estudio realizado por AXA y Correos para calcular cuánto tiempo de vida les queda a los pueblos españoles. La campaña se llama ‘Esperanza de Pueblo’ y reparte de todo menos esperanza: uno introduce el nombre de su localidad y la aplicación le comunica cuándo desaparecerá. Menos mal que, de momento, sólo admite códigos postales y no nombres propios, porque ya estaba viendo venir un listado que anunciase por orden la fecha de defunción de los vecinos. Supongo que en breve se podrá enviar una corona de flores desde la propia página. Es como consultar la previsión meteorológica pero, en lugar de anunciar cierzo para el martes, anuncia que tu pueblo, llueva o nieve, dejará de existir en 34 años. En el caso de León, los hay que tienen menos esperanza de vida que sus todavía vecinos. Más de medio centenar de pueblos leoneses podrían quedarse sin habitantes durante la próxima década, más de 300 desaparecerían antes de 2050 y tres de cada cuatro localidades no sobrevivirían más de un siglo.
Es indudable que el estudio sirve para llamar la atención sobre un drama real, más diagnosticado que tratado, pero cuesta ignorar que una de las entidades que lo promueve es Correos, empresa pública que también ha contribuido con sus recortes a reducir la esperanza de vida de nuestros pueblos. Según los sindicatos, Correos ha perdido casi 200 empleos en la provincia de León desde 2010. En El Bierzo solo nueve de las catorce secciones rurales disponen de personal y las jubilaciones, las bajas y las vacaciones no siempre se cubren. Cada poco lanzan una campaña diciendo que no aparece gente para trabajar, que nadie quiere ser hoy cartero, con la suficiencia de los hosteleros que critican que no encuentran camareros, una conversación que suele perderse después por el asunto de las paguitas y acaba acordándose de la madre del presidente del Gobierno, aunque en su rabioso lamento ninguno reconozca lo poco que paga o las intermitencias de sus contratos. Así que si alguien se pregunta por qué Correos tiene datos tan precisos sobre la defunción del medio rural, la respuesta es obvia: retira carteros de los pueblos y después paga un estudio para calcular cuánto tardarán en morir. Es algo así como si el principal sospechoso de un crimen financiara la autopsia y aprovechara para advertirnos de que el cadáver tenía mala salud.
A propósito de crímenes, la Junta de Castilla y León presentó esta semana sus nuevos presupuestos. La principal novedad es que no hay novedades, así que nuestros representantes deberían valorar el riesgo que supone que nos demos cuenta de lo poco que nos importa vivir sin presupuestos. Al final, entre todos, van a conseguir que no nos cortemos en morder la mano que nos da de comer, porque por aquí cada vez somos menos los que nos sentamos menos a la mesa.
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