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Los viejos no gustan del arte

09/09/2015
 Actualizado a 14/09/2019
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Sí, pero lo disfrutan. En los días fríos del Páramo y Tierra de Campos, salen de casa y se reúnen junto a la hermosa textura de un tapial que devuelve el calor de los rayos de sol invernal. Con nostalgia hablan de la tierra y de los nuevos recursos de los que nunca gozaron. ¡Hoy ya no se trabaja!

En la ciudad buscan el sol y la animación frente a Botines, pero también hay otros espacios, como eran las tertulias en la sala de espera de la vieja estación, donde se hablaba y hacía punto. Otro refugio singular es el vestíbulo del Musac, cálido, luminoso, amplio y ameno. Todas las tardes ocupan los asientos, como estatuas vivientes de una instalación. Constituyen el mayor número de visitantes, pero jamás han puesto los pies en una sala de exposiciones.

Las estatuas propiamente dichas de la ciudad van a ser objeto del ayuntamiento, que se propone, visto el deterioro de la de Guzmán el Bueno, restaurar las otras diseminadas por la ciudad. Sin duda hay buenos artistas leoneses, con obras que han pasado a ser parte de la identidad leonesa: la de las manos, frente a la catedral o la negrilla –de Uriarte y Amancio, respectivamente–.

Pero hay otras que por mérito propio, deberían ser llevadas a la chatarra de la Viuda de Benito o a la fundición de Nava por su mediocridad. La primera, el maniquí de Trapote, en la plaza de Regla. Otra, las perneras de Torres de Omaña que una joven belga de paso nos coló. Cobró, desapareció y, luego, supimos que era un plagio descarado.

Más ofensiva, el grupo –familia leonesa, glups– asentado en Burgo Nuevo, de Royán, y otras del mismo autor. Mas la peor, sin duda, es la de Diego Segura, dedicada a Durruti, en el jardín de Santa Ana; una infamia al anarquista que es lo más parecido a un urinario de diseño.

Dos piedras enfrentadas, con unas concavidades chapadas en latón, donde los viejos, y no tanto, acuden cuando aprieta la vejiga y, entre dos peñas feroces, sueltan aguas menores. Tal como está el patio no es cosa de pagar un café por imperativo de la próstata.
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