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La Ley de corrupción histórica

26/04/2026
 Actualizado a 26/04/2026
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La que hoy termina ha sido una de las semanas más trascendentales de la historia reciente de la Humanidad. El avance de la ciencia y la tecnología nos arroja verdades que no resultan fáciles de asimilar para mentes como las nuestras, contaminadas por las sesudas reflexiones de Marcos Llorente y las letras de riguitón. Consternados, descubrimos el lunes que la Agencia Española de Medicamentos había concluido, tras analizar 64 revisiones científicas, que la homeopatía no sirve de nada porque no supera al placebo en ninguna patología. Vaya trago. No contentos con eso, la semana siguió avanzando despiadada. Supimos también que donde ponía «M. Rajoy» en las cuentas de la caja B del Partido Popular se estaban refiriendo, contra todo pronóstico, a Mariano Rajoy, máximo exponente de que la lógica puede ser tan aplastante como irritante: «Yo me llamo Mariano Rajoy, como todo el mundo sabe, y luego cada uno me llama como quiere. Por tanto, pregúntele a ellos», le dijo a la fiscal que, en el enésimo capítulo de la enésima temporada, le pudo interrogar por fin ante un tribunal, con un leve retraso de 13 años, por el desenlace de la serie sobre la corrupción sistémica de la política española. Los guionistas están estirando tanto el chicle, trama sobre trama y me llevo una, que al final lo que han conseguido es que muchos espectadores pierdan el interés por el argumento, así que ya nos tienen exactamente donde querían. 

En la semana en que todo el mundo dice leer libros, aunque en las calles, en las redes y en los parlamentos hay demasiadas evidencias de lo contrario, el Premio Nacional de Literatura se lo deberían conceder a quien bautiza las operaciones policiales contra los corruptos. Sólo hasta ahora ha tenido que recurrir a extranjerismos (Gürtel), guarismos (3%), lecciones de historia (Púnica), al griego antiguo (Nóos), a monstruos de bolsillo (Pokémon), acrónimos (ERE), plantas (Enredadera) y, por supuesto, a todas las lenguas oficiales de lo que queda de ¡España! No tiene que ser fácil seguir avanzando cuando sientes que la realidad te viene pisando los talones.

Por si fuera poca crueldad, esta semana aprendimos también otras realidades que de ninguna manera podíamos haber visto venir, como que a Omar Montes, el Bad Bunny de Pan Bendito, se le quedaba demasiado grande la responsabilidad de vertebrar esta comunidad de vecinos mal avenidos. El reto era difícil, pero 180.000 euros me hubieran parecido poco dinero si llega a poner de acuerdo a dos regiones históricas y a sus correspondientes comarcas, con sus propias idiosincrasias, sus propios casos de corrupción y sus propios líderes locales echándole la culpa al vecino. Aplicó sesudas letras: «Ella quiere sexo y yo tengo la cura / Mi bicho en su totito pierde cobertura». Al menos podemos estar seguros de la prevalencia del ser humano porque versos así de sublimes no han podido ser escritos por la inteligencia artificial. Al final, el caché y las desigualdades territoriales generadas en este cortijo del PP y resort del PSOE se convierten en cuestiones menores. Decimales. 

Con tanto acontecimiento inesperado, tanto hallazgo científico a los que hay que sumar el reciente regreso del hombre a la Luna, la única certeza a la que agarrarnos para saber que no estamos atrapados en el tiempo es lo que han ido envejeciendo todos los protagonistas de los casos de corrupción, entre los que ya se cumplía históricamente lo de ‘los españoles, primero’, desde que estallan los escándalos hasta que son juzgados. Que no, que no, que ahora lleva otra vida, que se ha separado de sus amistades, que eran las que le hacían mal porque él tiene buen fondo, ya no bebe ni fuma... Con la agilidad de nuestra justicia, termina resultando creíble el «no me acuerdo de nada», claro. Ante tal panorama, no se descarta que desde nuestra rancia judicatura se paralicen un poco más las leyes que pretenden viajar a través del tiempo, no hay que ser tan reconorosos, como ha pasado con la de Memoria Histórica, rebautizada por el camino como Ley de Memoria Democrática pero exactamente igual de incumplida, y con los mismos argumentos: ya son ganas de andar ahora desenterrando esos temas que ya están superados. Ni Púnica ni púnico. Si, total, al final perdimos todos, ¿verdad? 

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