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León ‘Vive la Magia’

21/12/2025
 Actualizado a 21/12/2025
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A finales de diciembre León parece decidir colectivamente que la realidad no basta: necesita trucos, espejos y vuelos imposibles. Cada año, desde hace más de dos décadas, la ciudad se transforma en escenario de un milagro casi cotidiano con el festival ‘León Vive la Magia’. Una cita que, si uno la mira con prisas, podría parecer un simple entretenimiento navideño más –su fastuosa gala internacional, sus rutas de magia– pero que termina siendo un reflejo extraño de cómo queremos creer que funciona el mundo.

Porque, pensándolo bien, ¿qué es un mago sino un tipo que te distrae con una mano mientras la otra hace la jugada maestra? Si acaso no fueran esos mismos magos los que gobiernan nuestros teléfonos, deslizando ilusión en formato de notificación y haciéndonos creer que cada evento –cada ‘nuevo favorito’– es único y personal. La magia de este festival se instala en plazas, teatros, bares, y hasta en cenas con espectáculo, ocupando los espacios urbanos con la misma naturalidad que las luces de Navidad en las aceras.

Cada mañana, al abrir el móvil, buscamos señales, expectativas, algo que justifique levantarse, algo que nos conmueva un instante antes de que lo banal vuelva al timón. La diferencia, y aquí está la trampa, es que en la magia real sabes que hay un truco; en las redes sociales y en la publicidad emocional, lo que hay es un espejismo aceptado.

Este festival, en cambio, no pretende esconder el artificio: lo celebra. Los mejores magos del mundo vienen a León, presentan números imposibles y nos hacen reír, asombrarnos, incluso soltar una carcajada que no sabíamos que estaba esperando salir.

Y mientras camino por la ciudad, entre espectáculo y espectáculo, me asalta la sensación de que la magia que realmente importa no es la que hace aparecer un coche sobre el escenario (momento enorme del año pasado) o hacer desaparecer una moneda. Es la que logra que una multitud diversa –niños, turistas, abuelos con bufanda– comparta la misma incredulidad. Que por un momento olvidemos las prisas, las noticias que no cambian, los correos sin responder, y nos rindamos ante la belleza simple de lo inexplicable.

Al fin y al cabo, vivir la magia es eso: acordarse de que, aunque el mundo tenga explicaciones, a veces basta un truco bien ejecutado para que nos sintamos vivos. Y León, en estas fechas, es la ciudad que nos invita a sorprendernos otra vez. Por eso quiero dar las gracias a los organizadores de este maravilloso (nunca mejor dicho) festival, por hacer que me sienta más vivo.

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