Javier Callado 2025

León, tradición y evolución

24/09/2026
 Actualizado a 24/09/2026
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El establecimiento de una estricta uniformidad para portar los pendones en el desfile de San Froilán fue polémico las pasadas semanas. Las concentraciones de pendones son fruto de la movilización de voluntarios que ponen su tiempo y esfuerzo al servicio de su pueblo. No entiendo que se les pueda pedir más que llevar la camiseta del pendón para identificarlos. Son portadores del orgullo de una comunidad de aldea leonesa, la más grande de nuestras construcciones colectivas, concejos que aunaron voluntades por generaciones en torno a una iglesia, un cementerio, unas ordenanzas y un espíritu de contribuir al común. Los pendoneros heredan siglos de historia leonesa con la alegría del reencuentro en torno a los símbolos y la tradición ancestral. Poner obstáculos y condiciones a la fuerza de la comunalidad leonesa es ignorar lo que fuimos y aún somos.

Encuentro la misma carencia en el purismo exagerado de los trajes regionales. A nadie se le impide recurrir a las prendas más antiguas, al estilo más arcaico en indumentaria de su comarca. Sin embargo, hay una fiebre fundamentalista que persigue uñas pintadas en las mujeres o las gafas de sol en los hombres, por ejemplo. Carece de visión y bloquea la evolución lógica de la vestimenta, que otras regiones emprendieron hace tiempo, incorporando velcros donde había cuerdas, tejidos más livianos para el calor donde había gruesa lana, o zapatos oscuros donde usaban calzado de suelo de madera. Un traje de fallera en Valencia, o de flamenca en Huelva, o los conjuntos del asturiano Rodrigo Cuevas, son ejemplos de una tradición evolucionada que en León permanece presa de criterios excluyentes y estrechos. Cabe la vestimenta antigua y cabe la evolucionada.

Otro tanto le toca a la música tradicional leonesa. Quien insiste en tocar los titos y las molineiras sin salir de una senda musical repetida y respetable, no puede excluir las opciones que abre la evolución. Escuchar nuevos temas de los Tolinches, dulzaineros extraordinarios, a Rodrigo Martínez y su música de raíz por trochas nuevas, a Folk de Filandón que mezcla tradición leonesa con tango argentino al abrigo de relatos del calecho, o los inolvidables Ars Torga en ‘Acróbatas’ con un «A la Luz del cigarro…» reinventado en clave contemporánea, es aire fresco que entra en una habitación cerrada.

Reducir la tradición leonesa a la condición de fósil es confundir cultura con arqueología. La cultura leonesa es un todo que abarca hasta hoy. Hacer un apartado para acotar la cultura leonesa como un arcaísmo es matarla y supone perder todo lo que la creación a partir de nuestras raíces puede aportar al patrimonio mundial.
 

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