Javier Callado 2025

León, Puente y abandono

05/11/2026
 Actualizado a 05/11/2026
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La dimisión de Óscar Puente como Ministro de Transportes es un alivio para León, ya que nada puede ir peor. Las prioridades para la Región Leonesa continúan siendo las mismas, porque en su mandato no se resolvieron las carencias. Puente hizo lo posible por llevar actividad económica desde León para Valladolid sin disimulo -como viene haciendo la Junta-, como los talleres de la RENFE. Pocas veces se hizo más en contra de una tierra.

El accidente de Adamuz demostró que un solo nexo ferroviario entre el norte y el sur deja el país bloqueado. Por ello, la apertura de la línea Astorga-Plasencia-Sevilla es una necesidad de estado. Nada hizo por subsanarlo. La interconexión de la economía en el noroeste español por su corredor más poblado, Ponferrada-Monforte de Lemos, mediante autovía y ferrocarril, quedó bloqueada mediante estudios y palabrería. Mucho más cuando los problemas de los viaductos del Cebreiro cortaron la autovía entre Astorga y A Coruña, poniendo de manifiesto la necesidad de una alternativa.

La finalización de la velocidad alta León-Gijón quedó pendiente. La terminación de la obra de FEVE hasta la estación de Matallana se obvió. La activación del Ponfeblino quedó postergada. Las autopistas León-Astorga y del Luna, sin rescate. La intervención en una vía transfronteriza como la Puebla de Sanabria-Braganza, encomendada parcialmente a la Junta de Castilla y León, fue marginada. La plataforma multimodal de Torneros sigue en un cajón. El Aeropuerto de León no mereció para él ni la nimia inversión de un sistema de asistencia ILS-III y una terminal de carga, plasmada en los presupuestos plurianuales de AENA para los próximos cinco años. La ejecutoria de Puente con León es la de una agresión ministerial para lograr el declive económico y la sustracción de cuanta actividad pudiese en favor de su ciudad. Nos aportó atraso y marginalidad.

Cuando se redactó el primer plan de infraestructuras, en 1993, se suponía un pacto de estado para que unas zonas fuesen dotadas de forma inmediata de grandes infraestructuras y que actuasen así como tractoras del resto de la economía. Otras áreas quedarían en un segundo plano, con actuaciones más graduales. Por último, quedaban regiones en espera, que recibirían las infraestructuras con recursos obtenidos por las zonas potenciadas. El plan se convirtió en una trampa para ciertos territorios, como el noroeste español y, en su núcleo, la provincia de León. 

No cabe condescendencia ni con tipos como el dimitido ni con los que le disculpan. El PSOE, de su mano, adquirió una inmensa deuda con León para la que no quedan excusas. Una Autonomía de León lo resolvería.
 

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