En general, los servicios de Renfe y Adif en León son muy deficientes. Pese a que ambas empresas se ocupan de áreas diferentes, es la combinación de ambas la que proporciona servicios de ferrocarril. Lo que ha sucedido con el puente de San Andrés del Rabanedo para salvar las vías, a la altura del Hospital San Juan de Dios, no tiene explicación. Construir un paso elevado para resolver un problema y dejarlo sin servicio es absurdo.
Algo parecido pasa con la obra de Feve para llegar a la antigua estación de Matallana, abandonada para dejar el tren en la universidad, en la periferia urbana. No hay por dónde cogerlo. Tampoco tiene lógica el olvido de la variante del Manzanal, imprescindible en el principal corredor interior de comunicaciones y de actividad económica del noroeste del país.
Es inexplicable no soterrar el tren en Ponferrada, puesto que las vías rompen el espacio urbano. El abandono del ferrocarril del Sil, hasta Monforte de Lemos, que recorre el cauce económico dando continuidad a Galicia como parte de España, tampoco tiene sentido. Menos aún la falta de respuesta al pequeño ramal solicitado, con finalidad, sobre todo, de mercancías, hasta La Bañeza. Ni siquiera la falta de respuesta en la abortada plataforma intermodal de Torneros, silencio que interpela directamente al ministerio de Puente.
Podríamos hablar del incomprensible retardo en la vía de alta velocidad entre León y La Robla, o de la infrautilización de los talleres de mantenimiento de Renfe en León, donde trabajan solo 50 personas de la compañía y 20 externas. Mientras tanto, se invierte una fortuna en otros lugares, donde hubo que construir instalaciones desde cero. Y es que todo este infortunio se escuda en una excusa: «estudio de viabilidad». Como si el ferrocarril fuese rentable en algún punto del país. No lo es. La necesidad de la red de ferrocarriles se sustenta en las externalidades positivas, en la mejora de la competitividad del país a todos los niveles. Ninguna línea es viable per se, sin contar con las externalidades positivas.
En el área de León, Asturias y Galicia las externalidades positivas son enormes, puesto que la infraestructura actual es mala y mantiene baja la competitividad del cuadrante noroeste. Por eso, cuando se escucha al presidente de la Diputación de León disculpar a los representantes del ministerio, pierde los papeles. Lo lógico sería una compensación por todo el daño que Renfe, Adif y el Ministerio han provocado aquí. Lo normal sería, por ejemplo, la gratuidad de los billetes de cercanías entre León y Ponferrada, como se hizo con Feve en Asturias y Cantabria. ¿Qué menos se les podría pedir?