La reciente visita de la directora de Aena a León para comunicar lo que ya imaginábamos: que no va a promover una terminal de mercancías en el aeropuerto, pone en evidencia de nuevo la dejadez hacia las cosas de esta región. Dice la directiva que primero hay que buscar empresas y luego se hace la obra, en un ejercicio de estupidez máxima. Primero salen las manzanas y luego ponemos el manzano. Primero viene la empresa a Torneros y luego ponemos el polígono allí. Pero si el polígono de Villadangos crece es porque previamente se invirtió y se pusieron las condiciones para que lo haga.
Más allá de la visita está la actitud de la Diputación de León, con un presidente mirando al infinito, cuando la situación requería un puñetazo en la mesa. Los aliados, lo mismo. No hay ni visión de Estado, ni de región. Sin el desarrollo de León, el noroeste está condenado a la postergación económica. Bajar el perfil de León no ayuda a mejorar la vida de asturianos, gallegos o trasmontanos. Vamos en el mismo barco y nadie será grande si el vecino es pobre y desatendido. Pero no lo entienden.
Viajaba en estos días desde León a Barcelona. Descorazonador. La ocupación no llegaba a la mitad de las plazas del avión, pero no hay publicidad que incite a los catalanes a venir. Y eso a pesar de que eran varias las personas que regresaban de hacer senderismo por nuestra provincia. Tenemos una oferta de naturaleza como para llenar diez aviones al día, pero en la Diputación no hay luces para reclamar la atención de los catalanes.
A la vuelta, desde Palma de Mallorca, tampoco se llenó el avión. Tampoco hay publicidad de León allí, a pesar de la masa de alemanes, ingleses y franceses jubilados que vendrían a darse un garbeo. Con esta actitud, concluyó el cuatrimestre con el descenso del 11 % de pasajeros. La caraja de quienes deciden no perdona. ¿Y con estos mimbres queremos hacer un aeropuerto de primer nivel? Espabilen.
Me enviaba un amigo notas sobre el II Foro del Noroeste, organizado por un periódico asturiano. La participación que representaba los intereses de León era el presidente de la Junta, un señor de Salamanca que vive en Valladolid; del centro del país, que ni ve, ni sabe, ni entiende lo que pasa en León. Describe perfectamente cuál es la situación: León carece de interlocutores que expongan sus intereses. ¿Qué va a contar Mañueco de Ponferrada o de La Robla? Cuatro obviedades que no destacan el territorio.
La invisibilización, tejida con tópicos irrelevantes de políticos (Diputación, Junta…) que no creen el discurso que les escriben, nos deja atrás. Por eso crear la Autonomía de León es ya una necesidad de Estado.