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Las matemáticas no aman

Periodista
08/11/2015
 Actualizado a 07/09/2019
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Quieres comentar un gol, el remate magistral de un delantero, y terminas hablando de la AgenciaTributaria. Intentas llamar la atención sobre la sutileza de un pase, la espectacular visión de juego de ese mediapunta, y acabas enfrascado en una discusión sobre el derecho a decidir, si pitar a un compatriota es mejor o peor que pitar a un himno. Te refugias en el tiempo, ese gran vertedero de conversaciones, lo que se notan los días en noviembre, lo pronto que oscurece, cualquier día hiela, para qué cambiarán la hora, pero tienes la desgracia de que el meridiano de Greenwich atraviesa la autopista entre Madrid yBarcelona y ya estás otra vez con el tema. Pues de comida.Quieres hablar de comida. Aunque seas fanático de la cecina de chivo, terminas viéndote obligado a pronunciarte sobre las similitudes y diferencias entre la butifarra y el salchichón. Estás dispuesto, incluso, a cantar villancicos, a especular sobre la mismísima Navidad, pero entonces te vuelven a pillar entre la espada y la pared, entre el cava y el champán. Otra vez, estás perdido. Ya parece que nadie puede hablar sin decir un «sí, pero los catalanes...». Igual que la nieve no es noticia cuando cubre los Mampodres pero abre el telediario si se ve desde Torrespaña, ahora parece que sólo hay elecciones enMadrid y en Barcelona.Nos han convocado a elecciones parciales. Aquí no hay problemas. Aquí no hay necesidades. Aquí no hay nada que reivindicar a los candidatos. Aquí no tenemos parados.Aquí contamos ya con todas las carreteras, aeropuertos, polígonos industriales y demás artillería con la que nos solían disparar en esta época.Terminaremos echando de menos hasta las promesas incumplidas. Las batallas más importantes, las más crueles, siempre se libran en las grandes ciudades, en todas las guerras, pero el próximo 20-D especialmente. Los nuevos partidos marcan el paso y los nuevos partidos tienen mucho más difícil hacerse su merecido hueco desde las provincias que desde las grandes capitales. Gentileza de un belga llamado Víctor d’Hondt, cuyos postulados sentaron las bases de una ley electoral cuya reforma es mucho más urgente que la de la Constitución, aunque nos pasemos el día hablando de si nos aplicamos el artículo 155 por vía oral o rectal. «Las matemáticas no aman, pero tampoco fallan», cantaban los Mártires del Compás, y la mejor prueba de ello es que gracias al factor de corrección siguen mandando los mismos, en ocasiones hasta con los mismos apellidos. Por eso esta vez tengo la sensación de que las batallas, los debates de nuevo formato, este estilo tan casual de ser político, estas elecciones, a fin de cuentas, no se celebran en mi calle ni en mi pueblo, sino en el país vecino.Eso sí: no se lo digo a nadie porque la palabra país tensa tanto las conversaciones que me haría caer de nuevo en su monserga. Y vuelta a empezar de nuevo.

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