Yo sólo quería que pusiera en el periódico ‘culpables’. No quiero dinero, no quiero nada más. Fíjate si nos conformábamos con poco». Se lo dijo esta semana Manuel Moure, padre de uno de los seis mineros fallecidos hace ahora 13 años en el pozo de Tabliza, al periodista Nacho Barrio, después de enterarse de que la Audiencia Provincial ratificaba la sentencia que absolvía de cualquier responsabilidad en aquel accidente a los dueños de la empresa.
Son culpables, Moure. Ahí lo llevas. Yo no sé si debieron tomar más medidas de seguridad, evitar que los mineros entrasen a una mina que llevaba días apestando a gas (obviamente creo mucho más tu versión que la suya), pero sí se que son todos culpables. Son culpables los empresarios de brindar un trato vejatorio a las familias de las víctimas.Son culpables los sindicatos de guardar un insultante silencio durante este tiempo con el que, una vez más, han quedado retratados.Son culpables los políticos a los que se les llena la boca de clase obrera y minería sólo cuando creen que pueden sacar algún beneficio.Son culpables los jueces que han permitido que pasen 13 años sin una sentencia y negado cualquier tipo de reparación, aunque solo fuera poder leer la palabra culpable en los periódicos.
En una semana, la Audiencia Provincial ha absuelto a los mismos empresarios de las responsabilidades de aquel accidente y, ya que estamos, también de haber defraudado a Hacienda durante tres años, declarando nulos los registros en los que se obtuvo la documentación que lo demostraba. De los parlamentos sale un hedor insoportable sin la necesidad de que abran botes de gas pimienta en los baños y sólo nos queda el dudoso consuelo de que nada es eterno, que pronto pueden cambiar todas esas caras aunque no tengamos la certeza de que las que vengan vayan a ser mejores. Pero lo de nuestra justicia desatada, su deriva política, su clasismo institucional, su atasco selectivo, es bastante más grave que todo lo demás.
Pese a las evidencias, los escándalos judiciales por los que la gente que se cree informada se echa la manos a la cabeza no tienen que ver con seis pobres hombres a los que mandaron a la muerte, sino con el Fiscal General delEstado, la familia del presidente, la Ley de Nietos... tantos y tantos en los que la justicia española se ha retratado últimamente, perdiendo los complejos y sin sentir la necesidad de disimular sus formas. Sin embargo, se asume con bochornosa naturalidad, con una resignación que parece genética, que los empresarios mineros sigan siendo intocables pese a que ya no existe la minería, del mismo modo que aquí se asume con obscenidad que los juzgados dejen una y otra vez en libertad a reincidentes a los que poner de nuevo en la calle no sólo no modifica su conducta, sino que les envalentona porque les hace sentirse intocables.Total, muere gente todos los días. Al parecer, en provincias vale todo.Si no hay que disimular enMadrid, donde nos ponen todas las zanahorias, como para andar dando rodeos aquí, que no hay siquiera derecho a la pataleta porque pronto te conviertes en otro provinciano llorón que se está victimizando. Haber estudiado, fato. Haberte ido a Madrid, paleto.
Por lo que nos tenemos que ofender ahora todos los españoles es por el precio de los alquileres en Madrid, al parecer lo más grave que ha pasado en este país en los útimos años, pese al gran surtido de noticias repulsivas que tenemos para elegir y pese a que en lugares como León ese problema sea más que relativo: porcentualmente, las viviendas en alquiler son muchas menos, el precio medio no es comparable y, por si todo eso fuera poco, aquí más de la mitad de la población tiene dos casas, una en la ciudad y otra en el pueblo.Eso no evita que nos tengamos que enterar del menú de los acampados en la Puerta delSol, si comen humus o quinoa, mientras el Partido Popular vuelve a demostrar su capacidad para ponerse delante de las escopetas cuando notan que viene un disparo, aunque nadie les estuviese apuntando, y mientras la extrema derecha sigue cosechando ofendidos con el mundo y manipulados que además de estar orgullosos de serlo están también dispuestos a pasar a la acción. Por su parte, el Gobierno socialista que se llenaba la boca de descentralización, el mismo que no ha hecho nada por la vivienda en 7 años, ni siquiera ha planteado como posible solución hacer un reparto más lógico de las inversiones y, como consecuencia, de la población, para luchar así contra el precio de los alquilers y, de paso, contra la hemiplegia territorial de este país. Pero la actualidad manda, ya lo dicen los periódicos donde no se señala a los culpables, y ahora tocan los alquileres como antes tocó Ceuta, antes el ático de Chamberí, antes Begoña, antes Filomena, antes la amnistía, antes el concierto vasco y antes si enMadrid te puedes encontrar a tu ex o a su puta madre. ¿Cuándo tocan los problemas del resto?
Pese al ruido que llega desde la capital, la verdadera noticia de la semana ocurrió en Villarino, localidad de la comarca leonesa de La Cabrera. El único habitante que allí resistía llevaba días muerto y fue su perro el que bajó hasta el pueblo de al lado para dar aviso. Aunque tuvo que recorrer un par de kilómetros, supo encontrar la casa habitada más cercana, porque aquello no es precisamente una zona tensionada por el mercado de la vivienda. Se puso delante de la puerta y ladró. Supongo que es lo que nos queda.
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