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La última ronda

Periodista
13/12/2015
 Actualizado a 08/09/2019
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En este país nos damos demasiado la razón a la hora del vino. En Madrid le dicen la hora del vermú, en Barcelona la del aperitivo y en provincias como ésta la hora de tomar los vinos, pero en todas partes el español tiende a darse la razón en un momento así. Incluso los debates sobre si te sientes más o menos español quedan para otro rato. Si quedas a tomar un café con alguien es fácil que te acabes adentrando en el laberinto de sus problemas, que todo el mundo tiene de qué lamentase a poco que profundice y, si no te los cuentan a ti, tendrás que contar tú los tuyos por educación; si tomas una copa puede pasar de todo, desde ligar hasta terminar a hostias, pero a la hora del vino todo el mundo se suele dar la razón. «Y cóbrame lo de ésos». Al culpable de todos nuestros males no le debe de gustar alternar a esa hora, porque nunca está presente en las conversaciones, ya sea el presidente del Gobierno o de la comunidad de vecinos. Rajoy y Zapatero se tomaron en su día una caña en el bar del Congreso que fue portada de todos los periódicos, no por el hecho de que se tomaran una caña sino porque se estaban dando la razón el uno al otro minutos después de haberse desollado mutuamente en el hemiciclo. A la cara solemos llevarnos poco la contraria y mucho menos a la hora del vino, cuando nadie quiere hablar de tensiones sino de tapas.Darse la razón entre ronda y ronda es tan tradicional que muchos españoles sólo discuten con la gente que aparece en la televisión. A la hora del vino uno se puede creer incluso que en León no hace tanto frío como parece, aunque te estén saliendo sabañones en las orejas mientras lees el periódico, más aún si nuestros políticos aseguran que elevarán una queja a la Agencia Española de Meteorología por la diferencia entre los grados reales y los que dice el hombre del tiempo y el presidente de los Hosteleros del Barrio Húmedo («llénanos esto, por favor») que lo de León y el frío es un estereotipo. Vamos, que los embutidos se curan aquí como se podrían curar en Conil de la Frontera y que hay por ahí mucho catarro de prejuicios. Cierto que a veces hay que tomar muchos vinos para poder dar la razón con naturalidad, pero uno debe ser sacrificado. La campaña electoral tiene algo de la hora del vino, porque los que te piden el voto están de acuerdo contigo y te ríen las gracias, digas lo que digas, como si debieras una ronda. El candidato provinciano se te acerca asintiendo y asiente incluso si le increpas.Reniega de su partido, de los que mandan en Valladolid y de los que mandan en Madrid, incluso reniega de sí mismo si es necesario con tal de darte la razón. Llega el extremo de que los candidatos se dan la razón entre ellos porque, ante la desaparición de las ideologías, en estas elecciones se llevan poco la contraria y apuestan más por hacerse los graciosos, otro clásico a la hora del vino como «ponnos otra cuando puedas», frase que irrita al 90% de los camareros, sobre todo cuando no pueden. La pena es que siempre nos acaba tocando pagar a los mismos.

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