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La trampa tiene nombre

24/02/2016
 Actualizado a 16/09/2019
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Subrepticiamente, a espaldas nuestras, los gestores políticos, alcaldes, diputados, concejales y consejeros de Valladolid, abandonan las funciones propias de sus cargos, comprometidas con el pueblo que les ha llevadoal poder. Por desidia o interesadamente, se desatienden los servicios públicos, hasta que el deterioro es irreversible. Entonces, como solución, discurren que el mantenimiento de los mismos resulta oneroso y hay que privatizar.

Sin embargo, no reparan en proyectos megalíticos de dudoso interés para el ciudadano. Actos inaugurales, mucho flash, mucho vino, mucho canapé. Por citar algunos disparates, la cubierta de la plaza de toros. Un estadio de primera para un equipo de segunda de segunda; o sea, de tercera. La locura del palacio de congresos. La ORA… Un dispendio de dinero, en tanto los servicios elementales están en entredicho. La ventaja es que este tipo de deslumbrantes obras requieren grandes subvenciones y, cuanto más caro el proyecto, más se mueve el dinero (sólo insinúo).

¿Y qué pasa con los que no pueden pagar el Auditorio, ni visitarán el P de C. o aborrecen el fútbol, o los toros? Lo que piden de su ayuntamiento es agua, jardines de esparcimiento, autobuses con más líneas, limpieza en las calles y, llegado el fin, no arruinar a la familia pagando doblemente a Serfunle y a una multinacional inoperante, Memora, por nombre.Según esto, creo que si los políticos se sacuden las responsabilidades, debieran dejar sus cargos por falta de actividad. Si el agua es privada ¿qué pinta un concejal de aguas?

Otra engañifa es la supuesta preocupación por el empleo, pues resulta que las empresas privatizadoras son una cuantiosa fuente de paro. Si la cosa va mal ¬-llámese Tragsa- o para ir mejor, la situación se salva con despidos, reducción salarial y explotación del trabajador. Pero dije Tragsa y he caído en la trampa porque esto me llevaría muy lejos para explicar su extraño idilio con el Estado y los estadillos, esto es, autonomías. Pero el espacio es limitado. Mil doscientos despidos son un precio muy alto para seguir mamando. La rentabilidad está asegurada.
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