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La caída de los votos

Periodista
18/10/2015
 Actualizado a 07/09/2019
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Si eres capaz de juntar todos los trozos de la cruz de Jesucristo que se reparten por el mundo puedes construir un barco. Si eres capaz de juntar todos los trozos de la Sábana Santa que se reparten por el mundo puedes hacer una vela con la que navegar por los mares con tu barco. Si eres capaz de sumar todas las cantidades que aparecen en el presupuesto de la Junta de Castilla yLeón y que durante los próximos meses nos volverán a presentar por separado, corte de cinta aquí y rueda de prensa allá, como si fueran parte de cuentas distintas, el resultado reflejaría una inversión total que no sólo sacaría a esta comunidad de su abandono y su envejecimiento, sino que probablemente aportaría dinero suficiente para acabar con el hambre en el mundo. Hay que tener en cuenta que, al contrario que tu sueldo, esas cifras se multiplican exponencialmente y no llegan a los últimos rincones del territorio pero sí pasan después por las diputaciones y por los ayuntamientos y por las correspondientes bocas y manos de alcaldes y concejales y diputados, algunos de los cuales hablan y actúan como si el dinero fuera verdaderamente suyo y tuvieran la gentileza de aportanos una limosna, algunos de los cuales hacen que se extravíen por el camino, que queden depositados en sus filtros, algo más que decimales. Por todo ello me sorpenden extraordinariamente las palabras de Juan Vicente Herrera, al que, sin la necesidad de mirar el calendario ni caminar por alfombras de hojas caídas, se le ve desde hace ya demasiado tiempo otoñal en el carácter, en el fondo, en la forma y más que probablemente también su trayectoria política. Habló esta semana, a propósito de los presupuestos, y se refirió a la sensibilidad de las cifras, a que no iba a permitir que una décima del déficit dejara sin cobrar la pensión a un jubilado o la ayuda a un dependiente. En este viaje por la inestabilidad de las emociones, por la montaña rusa del odio y del deseo, Herrera también acusó a su principal diana, el ministro Soria (a quien considera único culpable de que perdiera la mayoría absoluta en Las Cortes y ahora tenga que exhibir públicamente su sensibidad para poder pactar con políticos imberbes), de no tener ningún tipo de sentimiento hacia el sector de la minería, como si todos los verdugos tuvieran que sentir el miedo y el arrepentimiento de Pepe Isbert en la película de Berlanga. La espiral de poesía administrativa puede terminar con ‘La educación sentimental’ de Flaubert como un anexo del Estatuto de Autonomía, algo que nos deja mucho más tranquilos, pero resulta demasiado hipócrita que, después de tanto tiempo para haberlo demostrado, los brotes de sensibilidad lleguen justo cuando hay que pactar unos presupuestos o cuando se acerca la sombra de una urna en la que los versos no son más que votos nulos.

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