El nuevo ejecutivo de la Junta de León y Castilla se conoció esta semana, así como algunos de sus altos cargos. Es el responsable de la prevención de incendios forestales en León. Esta provincia reúne la mayor superficie de monte de España: algo más de un millón de hectáreas, que suponen dos tercios de la provincia. El monte es esencial en el paisaje y los recursos de León, por lo que la gestión es esencial.
Hasta la llegada de esta autonomía, los montes eran gestionados por los vecinos de las más de 1.200 juntas vecinales leonesas, una dimensión desconocida en el resto de la autonomía. Por ello, esta cuestión es netamente leonesa, por más que existieran algunos sistemas similares en Zamora o en Palencia, en áreas mucho más reducidas. Precisamente por eso a los altos cargos de la Junta les parece un problema inasumible por su coste, porque afecta sobre todo a León, pero no al resto y casi nada a Valladolid.
En esta coyuntura no se entiende que la Ley de Montes de la Junta siga siendo la herramienta de gestión: ha marginado a las juntas vecinales en favor de la plena asunción de la iniciativa por la Junta. Es una apropiación encubierta de los bienes comunales leoneses, que predominan abrumadoramente en el inventario de montes. Si la autonomía no tiene recursos para gestionar la prevención de incendios, no se entiende que no deje la iniciativa a las juntas vecinales que aún puedan hacerlo.
Esta envenenada situación, provocada por la Junta no tiene salida, pues antes de su desembarco y de la práctica incautación de los comunales leoneses, no se producían las disfunciones que llevaron a las 125.000 hectáreas quemadas el año pasado. Los pedáneos comentan que los caminos se han cerrado, que no hay rebaños para pastar los montes, que tocar la maleza conlleva problemas con la Junta, que no se permiten las tradicionales quemas controladas, en rotación por los distintos valles, y que viene otro verano de incendios masivos sin que la Junta hiciese nada para evitarlo.
Se requeriría que las brigadas forestales abriesen caminos, secundadas por rebaños de ovejas y cabras que pastasen los accesos abiertos. Sería imprescindible el concurso de los vecinos para hacer quemas controladas por todo el territorio, algo que hubiese evitado, por ejemplo, el desastre que vivió Fasgar el año pasado; labores tradicionales hasta que la Junta intervino como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer. 5 consejeros de Valladolid, sobre 11 totales en el nuevo ejecutivo traslucen que ni saben nada de León ni lo quieren aprender.
Cada día es más imperioso alcanzar la Autonomía de León. Lo están reclamando hasta los montes.