Una particularidad de su forma de hablar es el mal uso del verbo ‘quedar’ que utilizan con el significado de ‘dejar’ o ‘posar’. Ej. «No quedes el periódico en el suelo».
Más lío tienen con el uso de los pronombres. En el marcado del Val le preguntarán: «Qué la doy o que le doy?» El laísmo, leísmo o lo mismo da. Una aberración larga de explicar. Ej. «le doy la carta a mi madre»; «le doy tabaco a mi padre». ¿A quién? «le»; ¿el qué? «la o lo». Ej. «se lo dí, la echó».
En cuanto al pronombre «os», aún se dice en algunos sitios «sus». Y al huevo lo llaman «buebo». Terrible.
Hechas estas observaciones –les tenía ganas– lo cierto es que en otras cosas nos dan sopas con honda. Cuando aquí se levantó el Musac, las instituciones de allá protestaron y abrieron el Patio Herreriano. Cuando aquí el Auditorio, allá ya lo tenían, más grande, sólo para conciertos y sede de la Sinfónica de CyL. Se irritan los políticos leoneses por su ausencia. Recuerden que otrora, se llamaba ‘Ciudad de Valladolid’. Con transporte que te lleva al concierto y te trae a casa desde cualquier punto de la comunidad. En cine, Festival internacional y múltiples salas. En cuanto a teatro, la comparación es humillante, con unas salas a cuya cabeza está el Calderón, mientras aquí no somos capaces de recuperar el Emperador.
Crece Valladolid, impulsada por la política de la Junta de Allá y la voluntad de dotar a la región de una capital, que emule las de otras autonomías. Lo lamentable es que lo haga a expensas de la ruina de las provincias que la rodean. Cuanto más crece, más nos empobrecemos. Hasta, los medios se hacen eco de la merma de electores en nuestra provincia y de la fuga de miles de personas en edad de trabajar.
Tal como estamos no sé, no sé, pero creo que el alcalde Silván –lejos del poder– ha bajado unos escalones en su carrera política. El tiempo lo dirá.
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