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Ilusiones efímeras

06/01/2016
 Actualizado a 19/09/2019
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Los Reyes Magos –o reis, que diría mi abuelo– cabalgan de nuevo. Quién no recuerda las noches de inquietud, zapatos en el balcón, caldero de agua para los camellos y galletas para los Magos de Oriente. Con ser un mero punto cardinal, Oriente tenía un significado mágico, un lugar ignoto e impreciso pero a la vez tan real en los sueños y fantasías.

Antes de seguir, le advierto que hoy bien podría usted haberse ahorrado el importe del periódico porque ni Urdangarín y esposa, ni el clan de los Pujol, ni la charlotada catalana, ni la suelta de la Pantoja serán capaces de eclipsar a las fotos de los abueletes arrastrándose por los suelos en busca de unos caramelos para los nietos. Una chuminada dirán los niños que prefieren los gusanitos o los copos de maíz y las nuggets de pollo en el burguer plim. ¡Hay que ver cómo nos matábamos de niños –entonces éramos rapaces o guajes– por los caramelos de los bautizos! «Padrino roñoso, mete la mano al bolso; padrino picudo mete la mano al culo!» Y cosas así. Los críos son críos pero los tiempos cambian y las pautas de comportamiento también. Nadie puede reprocharles su derecho a vivir la vida a su manera y su rechazo hacia las costumbres culturales heredadas. Así al los viejos Magos les han salido fieros competidores como el Papá Noël y una Santa hombruna, que parece un vejete borrachuzo. Es lo que hay y, gracias a estos, los regalos se multiplican.

Que los Reyes son los padres llegamos a sospecharlo. Un engaño encantador para alargar la infancia de los hijos antes de que pierdan la inocencia y se vuelvan tiranos. Lo inadmisible es que ahora los políticos se rifen, se peleen, para figurar en la cabalgata. No parecen satisfechos con el mico que han hecho en la campaña electoral. Una superchería cada vez que votamos y el desengaño apenas aterriza la papeleta en el fondo de la urna.

Ante tanto resquemor, los representantes que se representan a sí mismos y sus intereses, han perfeccionado el arte de mentir y, al arrogarse el papel de Reyes Magos, nos engañan desde la más tierna infancia.

Par no ser injusto, admito cierto tono de resentimiento en mis palabras. Pero es que ¡ya estoy harto de que todos los años el viejo borrachuzo me traiga unos gallumbos o unos calcetines!
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