En una conversación, escuché de un amigo que el nacionalismo era el último refugio de los canallas. Una frase rotunda que me dio que pensar. Lo cierto es que los nacionalismos y, en particular el catalán, tienen en vilo al país, a la economía y el futuro del Estado; sobre todo por la escasa entidad de los políticos que han accedido al poder en las últimas elecciones. Si hay que hablar de canallas –que viene de can, perro– en cabeza estaría el ‘clan de los puyoles’ –¿o he de decir cartel?– que establece el canon –¿o he de decir mordida?– del 3 % para obras públicas, que enriquecen a los políticos nacionalistas y abonan la causa catalana. Todos felices. Los jerarcas viven bien con el dinero ilícito y en la impunidad. Pero, por otra parte, esta gente también se nutre de los votos obtenidos y por eso financian a instituciones tan limpias como Noos, que son un vivero de votos tóxicos y nacionalistas: CatDem, Forum Barcelona, el Liceu, Omnium Cultural y otras que saldrán a la luz. No hay duda de que el sistema estaba bien orquestado: nos forramos y salimos de España. Nada mejor que la independencia –salvo para vendernos sus productos– y ruptura de los vínculos para desembarazarse de los jueces y la molesta Guardia Civil, que les acosa y descubre los escondrijos donde guardan la rapiña.
Si estos políticos hubieran destinado esos 2.200 millones de euros a fines sociales –y lo que resta– los recortes no hubieran sido tan drásticos. Esos que tan mal lleva la cuadrilla de la CUP que, por cierto, tiene siete procesos judiciales por vandalismo y otros delitos afines. Unos delitos con durísimas penas para los ciudadanos, conforme a la ley promulgada en el 2015 por el PP. Pero el gobierno catalán, en pago de los apoyos prestados para aupar a los de Artur, pero sin Artur, se disponen a hacer la vista gorda y saltarse las leyes a la torera. Así lo manifiesta la consejera de presidencia, Neus Munté. Hoy por ti, mañana por mí.
Quiero aclarar que esta ley es odiosa y desproporcionada y que todas las formaciones se muestran dispuestas a derogar. Pero, entre tanto, es lo que hay. Y las acciones violentas de la CUP ahí están. ‘Dura lex, sed lex’.
Hoy por ti, mañana por mí
20/01/2016
Actualizado a
19/09/2019
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