Hay títulos literarios que son reflejos de la ansiedad, el miedo, el sentimiento y el sentido de la vida humana. Y, están también los universos de Shakespeare y Cervantes, la quintaesencia de la vida. Todo está en ellos. Nihil novum sub solem. Doce hombres eran los que Yahveh pidió a Lot para salvar a Sodoma y Gomorra pero, no habiendo tantos, las dos ciudades fueron aniquiladas, aun habiéndolas peores hoy en día.
Viejas historias aparte, ‘Doce hombres sin piedad’ es un drama de Arthur Miller donde un jurado ha de dictaminar la culpabilidad o inocencia de un joven al que todo el mundo había prejuzgado.
Muchos más de doce hombres (hablo en genérico) se necesitarán para llevar a cabo el proceso de reforma del Estado español que se avecina. Una especie de peeling o exfoliación de la Piel de Toro para limpiarla de garrapatas, ácaros y mugre, devolviéndole el antiguo esplendor. Una España donde los cargos inútiles y honoríficos –como en la Francia prerrevolucionaria– constituyen un pesado lastre que nos hunde más aún de lo que estamos. Gente aupada al poder que salta de puesto en puesto; de empresa pública a privada; a una delegación, subdelegación, diputación o al geriátrico de los políticos quemados llamado Senado. Tanto cuento es como el traje nuevo del emperador que todos lo ven pero nadie osa decirlo. Tanto del PP como el PSOE han sembrado esta carcoma devoradora de las arcas y han colocado en instituciones inoperantes a amigos, familia, compañeros de viaje o compinches…
¿Acaso los que han creado esta trama estarían dispuestos a acabar con ella? ¿Los inventores de este dolce far niente cerrarán el chiringuito? ¿Arrojarán a su gente al arrabal? Ni por ensueño: Hicimos la mili juntos, les debo muchos favores, son de los nuestros, saben demasiado y nos tienen pillados por los huevos.
Está claro que, ni Rajoy ni Sánchez, colgarán el cartel de «liquidación final por fin de temporada». Están entrampados por demasiados intereses y favores. Otros hombres sin piedad serán los que lleguen al poder sin ataduras, privilegios, ni compromisos (salvo los adquiridos con los ciudadanos) porque el hara-kiri ya no se practica ni en Japón.
Hombres sin piedad
09/12/2015
Actualizado a
07/09/2019
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