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Groenlandia para nosotros

18/01/2026
 Actualizado a 18/01/2026
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El próximo viernes se presenta en la Fundación Cerezales Antonino y Cinia, dentro del proyecto expositivo ‘Dónde estarán las nieves de antaño’, el documental ‘Objeto de estudio’, del realizador leonés Raúl Alaejos. Dos días después podrá verse también en El Albéitar este ensayo cinematográfico rodado en Qaanaaq  (Groenlandia), considerada la población más septentrional del planeta.

Hablo de Raúl como si no le conociese de nada, me cago en la mar, cuando es toda una figura de aquí. Lo conocí junto a Juanín Marigorta, otro artista de estas tierras, siempre metido en fregados interesantes. Aunque últimamente le daba más por el teatro, con su compañía Serrucho, no descuida su vertiente audiovisual, que cristaliza en ‘Objeto de estudio’.

La película parte de una premisa interesantísima: Robert Peary (Pensilvania, 1856 - Washington, 1920) fue uno de esos exploradores del siglo XIX, algo sinvergüenza y bastante estafador, empeñado en alcanzar el extremo boreal de la Tierra. Durante más de dos décadas este marino recorrió Groenlandia, tratando de encontrar un camino hacia el Polo Norte. No lo consiguió, pero bordeó la costa norte del territorio danés, demostrando que se trataba de una isla. De tanto convivir con los inuit (entonces llamados “esquimales”) alumbró una idea: la única forma de alcanzar los 90 grados norte era crear una super-raza que mezclase la resistencia al frío de los habitantes locales con las cualidades que Peary consideraba superiores de los estadounidenses. Por ello él y su asistente afroamericano Matthew Henson se dedicaron a dejar embarazadas a mujeres inuit. Los descendientes de ambos todavía viven en Qaanaaq, y muchos conservan sus apellidos. En 1909 Peary y Henson anunciaron que eran los primeros humanos en llegar al polo, algo que investigaciones posteriores han desmentido.

Además de concebir criaturas, Peary hizo otra cosa en Groenlandia: robar un gigantesco meteorito férrico con el que los inuit fabricaban herramientas como arpones y cuchillos. Tras venderlo al Museo Americano de Historia Natural, la población nativa se quedó sin su única fuente de metal.

En su perpetuo retorno, la Historia nos devuelve a aquel punto. Igual que Peary, Donald Trump se adjudica ahora el derecho de propiedad sobre Groenlandia, sus bienes y sus habitantes. Con un argumento tan básico como «lo necesito, lo quiero». Una visión patrimonialista y despiadada que anticipa el mundo cruel en el que nos estamos adentrando. Incluso desde nuestra pasividad de espectadores, somos cómplices de ello, nos recuerda Alaejos en su extraordinaria película.

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