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Grandes esperanzas

27/05/2015
 Actualizado a 12/09/2019
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Todo comenzó en 1975, con la muerte de Franco y las lágrimas de Arias Navarro que veía cómo el Régimen y sus espectativas se iban al garete.

Aunque no fue exactamente así, pues en los últimos años con la mayoría del PP, que ha aprovechado para dañar a los trabajadores, la condición femenina, los titulados, las familias, los enfermos... hemos sentido aquel escalofrío en en la espalda. No en vano muchos de sus miembros se forjaron bajo aquel Régimen. Un ejemplo: la aversión hacia la exhumación de los cadáveres de los asesinados en el franquismo.

En aquel momento todos los que estaban por el cambio nos parecían compañeros de viaje. Jordi Puyol –qué rana salió el jodío– un tal Trevijano, Pina, Tierno, Morodo, Benet, Carrillo que despojó al comunismo del leninismo y Felipe que despojó el socialismo del marxismo. Era aquello como el arca de Noé con toda clase de animalillos políticos. Pero crecieron y, como es natural, la cosa se complicó y empezaron a llevarse mal; a darse dentelladas y a orinar para marcar su territorio.

Los más voraces y con mayor vejiga resultaron el PP y el PSOE, auténticos dinosaurios que alternaban el poder y no parecían llevarse tan mal fuera de la escena pública o galería. No me digan si Rubalcaba no parecía sentirse en la oposición como quien disfruta de un año sabático donde se cobra por no hacer nada.

De ahí que no controlaran a los bancos, ni a las eléctricas, ni a la justicia gallardona, ni los desahucios o la defensa de la minería leonesa. ¿Cómo iban a meterse con las grandes empresas donde pensaban recalar como consejeros? Ni siquiera los perros muerden la mano que les da de comer.

La guinda es Felipe González que, no contento con los privilegios que goza como expresidente, ¿trabaja? como consejero de Slim –el hombre más rico del Planeta– y de Gas Natural. Así, cada vez que usted enciende la estufa, le está dando dinero a González. Estamos dispuestos a pasar frío, si espreciso, pero esto se tiene que acabar y el momento ha llegado.
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