Todos los sábados, a eso de la 1 de la tarde, entre nosotros casi la hora de comer, coincido con un nutrido grupo de personas , como he venido mencionado, semana tras semana, plantando cara a quien corresponda con megáfono en mano, para reivindicar la vuelta a la estación de León del servicial y entrañable tren de todos conocido. Soy consciente de que vivimos en la era de grandes avances a la hora de realizar viajes a sitios que nunca nos los hubiéramos imaginado, lo cual no implica el sentir en nuestros recuerdos el paso de aquellos trenes, con máquinas impulsadas por la acción del vapor de agua, que nos acercaban a los lugares de los que, mayormente, descendíamos o solíamos visitar. Después llegaron otras máquinas más modernas, aunque carentes de aquel encanto. El viaje de Bilbao a León, con una duración de unas 12 horas, acercaba a aquellos profesionales al fin de trayecto que, con unas ollas llamadas ferroviarias, que inventadas por ferroviarios de la línea La Robla-Bilbao a principios del siglo XX eran utilizadas para cocinar guisos a fuego lento mediante briquetas de carbón vegetal. Cuando paso por el tramo comprendido entre Padre Isla, Suero Quiñones y Renueva, calles cercanas al lugar de donde hoy vivo, además que, desde mi casa la diviso cada día, no puedo olvidar, desobedeciendo las recomendaciones de nuestros padres, como, cual si de cuatreros del oeste se tratara, cuando saltábamos para meternos en los coches o vagones de los trenes vacíos para , sin ser conscientes del peligro que suponía, esquivar la vigilancia del guarda y dar un breve viaje en tren mientras este hacia la maniobra. Más de una azotaina padecimos en nuestro trasero el ser descubiertos de las andadas, en las que también participaban los hijos de los jefes de la estación los cuales, tenían sus viviendas en la misma y que, con el tiempo, fueron destinadas a otros menesteres como pude apreciar en compañía de mi amigo Ángel antes que alguien, con menos idea, que el que asó la manteca, lo dejara en actual situación que es la que, todos los sábados se pone de manifiesto a través de un nutrido grupo de personas, y posiblemente usuarios, revindicamos, sin cejar en el empeño, para que el TREN DE LA ROBLA O DE MATALLANA, finalice su recorrido en la céntrica ESTACIÓN, mientras tanto sigo animando a que cada sábado nos demos cita , a eso de la una de la tarde, en los aledaños de la citada estación, para mostrar el descontento existente y para no perder la esperanza de que el querido tren llegue donde siempre tuvo que llegar.
Aunque pude apreciar la presencia del alcalde de León, José Antonio Diez, junto con la de otros concejales, eché de menos a políticos/as con implicación en donde resuene con más rotundidad la voz de León. En definitiva, como dice el refrán, camarón que se duerme, se lo lleva la corriente” y aquí no queremos que nos lleven sino que nos traigan cosas que tanto necesitamos.