En un secuestro de 300 días hay también momentos buenos.Me lo dijo el domingo pasado J.M.López, tan pálido y flaco que parecía aún más largo, cuando bajó del avión del Rey. Siempre hay momentos buenos, incluso cuando a uno le privan de su libertad por hacer su trabajo. También los hubo a este lado desde el que sólo nos quedaba la necesidad de controlar nuestra imaginación, que es mucho más temible que la realidad, ese afán por saber lo que estaría pasando que ahora se transforma en preguntas tan impertinentes como inevitables. A este lado hubo momentos buenos, hubo risas y hubo fiestas que caminaron por el delgado filo que separa la comedia de la tragedia y te deja a bordo de una montaña rusa que aún no se ha detenido. Pero de todo se aprende. Aprendes, por ejemplo, a quedarte sólo con los momentos buenos, porque los malos sirven únicamente para hacer más tortuosos todos los caminos, dentro y fuera. Aprendes que tienes colegas de profesión de los que sentirte orgulloso, como López, Pampliega y Sastre, que cuentan lo que les pasa a quienes no pueden permitirse el lujo de quedarse sólo con los momentos buenos porque nunca los tienen, capaces de jugarse la vida por personas a las que no conocen y olvidarse de lo que sufren sus personas queridas. Aprendes que también tienes colegas de profesión de los que avergonzarte, noticias de periodistas tratados como mercancía hechas por periodistas que tratan como mercancía las propias noticias, pedestales desde los que no existe la empatía y que en lugar de solidaridad y silencio te ofrecen lecciones magistrales de periodismo. Aprendes que la libertad de expresión llena muchas bocas y pocos estómagos y que desde el parqué y el cuero de las ruedas de prensa los hay que se creen autorizados para compararse con quien va a la guerra para contarla sin intermediarios. Aprendes que a los ojos de cierta opinión pública no todos los trabajos son iguales, porque un soldado asesinado en una guerra es recibido con honores de Estado y deja una pensión a su familia, con todo merecimiento, mientras que un fotógrafo que te enseña lo que no quieren que veamos parece un muerto de hambre oportunista al que nadie le mandó meterse allí y le acaban robando hasta la calderilla. Aprendes, y aquí viene un dato para los conspiranoicos, que todos los españoles liberados de secuestros enSiria llegan a casa un domingo, a tiempo para preparar la apertura del Telediario. Aprendes durante diez meses a gestionar el miedo, la incertidumbre, la preocupación masiva y agotadora, las preguntas morbosas y, cuando parece que todo termina, aprendes que en realidad es cuando todo empieza, cuando más falta haces. Aprendes que hay personas que parecen débiles y que te acaban dando lecciones de fortaleza, que mantienen la calma y la dignidad en todas las situaciones, que no se dejan llevar por la histeria colectiva, que no son capaces de colarse en una sala de espera pero pueden mandar callar a un ministro o un obispo si hace falta, personas que únicamente llevan mal el protagonismo, que portan un gen dominante que, sabíamos, estaba dentro y fuera.
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