Arde la calle a las nueve de la noche, con gritos de uyyyyy y gooool, repetidos con retraso por las ventanas abiertas entre quienes ven los partidos por televisión terrestre (los primeros), cable (después) o internet (los últimos). Ves a los chavales y las chavalas con sus camisetas crema de la segunda equipación, estampadas con los nombres de Cucurella, Oyarzábal, Pedro Porro, Lamine Yamal… Son días de ‘furbo’, para lo bueno y para lo malo, y como tales hay que vivirlos.
Algunas notas que fui tomando estos días en mi libretina mental: La primera, que existe un ingente número de españoles que se autodenominan futboleros y, sin embargo, no van con España. Entre los que me he encontrado, la inmensa mayoría son aficionados del Real Madrid. En la oficina, por ejemplo, empecé a atisbarlos durante el Brasil-Japón, desgañitados con la remontada de los troncos lusoparlantes frente a los pobres asiáticos. Ah, claro, porque jugaba Vinicius. Claro, claro… La confirmación llegó en las eliminatorias de la selección. Querían que ganase Portugal, por Cristiano Ronaldo, ese anciano que se movía menos que un moái de la Isla de Pascua. Después, contra Bélgica, se cortaron un poco más, aunque bien que se les notó el chasco cuando Merino batió a ‘su’ Courtois. Pero el despiporre llegó ante Francia. Ahí ya Mbappé se convirtió en pan de vida y bebida de salvación para ellos. Decían hacerlo “por Goya” y vaya usted a saber por cuántas cosas más. En fin, madridistas traidores, valga la redundancia.
El caso tiene su reflejo en nuestros compatriotas que van con Argentina. La mayoría, ‘indepes’, del signo que sean, con abundancia de ‘culés’ -Messi, ya saben-. Es cierto que este año la tricampeona es una colección de mantas liderada por otro yayo decrépito, pero aquí les tienes. Trampeando como el Diego y revolviéndose como un jaguarundi hasta el minuto 90+2. Especial risión fue lo de Inglaterra: los rudos británicos tornados en huevones tras marcar su primer gol y encerrados todos en su área a la espera de que entrase lo que finalmente entró. En fin, ‘furbo’.
Estamos acojonados, no pasa nada por reconocerlo, aunque seamos favoritos. Y la cuestión ya no es tanto bordar la segunda estrella en la ‘elástica’ como evitar perder ante nuestros hermanos sudamericanos. Maestros del insulto, ocurrentes, divertidos y todo lo que ustedes quieran, pero hoy toca otra cosa. Hoy toca abrazar a quienes más queremos y, con un poco de suerte, salir a Santo Domingo a celebrarlo.
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